Obra ganadora en Poesía del XI Concurso Literario El Búho: “El pez rojo de Hiroshima”

Luego de una ardua deliberación entre los trabajos presentados en la categoría Poesía, el jurado calificador otorgó el primer lugar a Rosakebia Estela Mendoza y una mención honrosa a otros cuatro trabajos

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El jurado calificador de la categoría Poesía estuvo integrado por los poetas Odi Gonzales, Valeria Sani y Bethoven Medina. La autora del trabajo ganador de la categoría Poesía, es Rosakebia Estela Mendoza (Trujillo, 1990).

Poeta, Sakharov Fellow del Parlamento Europeo, Unidad de Derechos Humanos. Obtuvo el grado de Magíster en Industrias Creativas por la Universidad Nacional de Artes de Taipei “Taipei National University of the Arts”. Ha representado a la delegación Peruana en diversos eventos académicos en once países combinando el poder creativo de las Artes, las Ciencias y las Humanidades.

El pez rojo de Hiroshima (poesía)

POEMA 01

El pez rojo de Hiroshima, fue el único sobreviviente en las costas, después de la gran
explosión. Especie única, de contextura larga y delgada, el pez pasó de habitar las aguas del
Pacífico a habitar el cuerpo de la primera mujer que visitó las ruinas del lugar, posterior a
la explosión. Los especialistas japoneses en Biología Marina, no tardaron en pronunciarse,
sobre el último pez de las aguas de Hiroshima que se había convertido en un endoparásito
humano por las altas concentraciones de radioactivos. A diferencia de otros endoparásitos ,
el pez rojo no se alimenta de la mujer -su hospedero-, sino de los rayos de luna que atraviesan
el cuerpo juvenil de la dama que es adornado por canela y pimienta negra.
Esto sucede cuando el pez se moviliza por el interior de los ojos de su compañera, no alcanza
a nublar por entero su visión, y recrea recuerdos de otros tiempos en breves líneas
horizontales, acompañadas de una lejana realidad.
La bella muchacha contempla dos mundos: el mundo actual, en el cual reposa en un sillón
tallado a mano, y la travesía del pez, que cruza a gran velocidad las masas de fuego.
Su corazón dormido se agita al escuchar el sonido de la gran explosión .
Abre los ojos y es 1945. Cierra los ojos y no existe el tiempo.
Como ornitólogo en Literatura Fantástica -especialista en aves mitológicas y más-,
con ya varios años de experiencia en la materia; afirmo que el pez rojo de Hiroshima,
que ahora coexiste con la belleza de la muchacha , en una ciudad fuera del Japón:
El pez muy pronto, se convertirá en pájaro.
¡Usted, honorable Madame, tendrá un talento muy especial para navegar por cielos y mares!

POEMA 02

El ingreso a la ciudad de Hiroshima, fue una travesía de peregrinación de varios días y
noches. El cielo en una actitud muy noble, conmovido por la gran explosión, permite noches
con dos lunas y alumbra a los viajeros con su orquesta de estrellas fugaces. El sol se concentra
en enviar golpes de calor a otros continentes que necesitan de su presencia para continuar
con la agricultura y ganadería local. En Hiroshima se contempla un sol compasivo.
Varios hombres y mujeres de ciudades cercanas , forasteros y curanderos ayudan a la
reconstrucción de la ciudad. Las plegarias de los más devotos, hacen que el cuerpo se vuelva
mucho más ligero, el caminar un andar sin huellas.

POEMA 03

El pez rojo de Hiroshima sobrevivió a la gran explosión, no se apoderaron de él ni el bien ni
el mal. Entonces, el pez se tomó el derecho de viajar por los espejos.
Alcanzó el espejo de mano de la muchacha que intentaba para sí misma, definir la belleza.
El imaginario de la muchacha cae con fuerza desde lo alto de un manantial, y divide a su
corazón en un ejército de personajes sin pasaporte. Algunos historiadores, prefieren creer la
versión en que la muchacha voluntariamente, se dirigió hacia el turbulento puerto,
bebió de las aguas aún ácidas y de esta manera ingirió el último pez rojo de Hiroshima.
Con ello se apoderaron de ella , la desesperación y el compromiso por conservar en su interior
los futuros cardúmenes que volverían a poblar las aguas y leyendas del Japón .

POEMA 04

LA CARTOGRAFÍA DEL PEZ EN LA ARENA
La cartografía del pez en la arena
alcanza su máximo esplendor al verse desde lo alto.
Uno tiene que subirse a una montaña y soplar una caracola de mar
para comenzar a visualizar el dibujo del pez.
El paso del tiempo y de la música se armonizan lentamente
en los ojos del observador.
Tal obra maestra es concebida por el mismo
pez rojo de Hiroshima que vive
sobresaltado en tu interior,
y toma el control de tus dedos
que marcan sobre la arena
el dibujo del esqueleto del pez.
Un calendario hecho por tus dedos
para caminantes del futuro.
La arena removida , aún conserva la timidez
del antiguo dolor de la guerra .
En aquella cartografía como un espejo que mira al infinito,
el observador sin ser observado
será capaz de percibir su propia belleza.
El color carmesí que cubrirá al pez, vendrá por sí solo,
en forma de gotas de lluvia que ascenderán alto, altísimo
hasta marcar en el cielo las seis de la tarde.
Subirás a la montaña , soplarás la caracola,
y sin temor a las alturas, por ti misma , aprenderás a volar.

POEMA 05

EL HOMBRE CON MIL NOMBRES NACIDO EN HIROSHIMA
No permanezco estático en la ruta del lenguaje. He vivido varios de cientos de nombres,
he respetado la vida de aquellos hombres que dijeron ser yo y sus roles sociales, festejos y
conflictos. No sé cuál es mi primera lengua, sin embargo , el verdadero silencio es aquel
terror de escuchar por radio lo que estoy pensando , cuando la acción precede al pensamiento,
y el sentimiento precede al pensamiento. Aquel orden donde soy solo sentir.
Los diálogos cotidianos ocurren como una performance muda a gran velocidad.
Los hongos del jardín continúan en su silenciosa revolución hasta invadir mi visión por
completo.

POEMA 06

TEMPORADA DE COSECHA
Divertidos y sin técnica, conducimos la carreta de carga de madera por el campo de arroz.
De pronto ,la pierdo , se dirige a otra dimensión de la consciencia, al avanzar por el camino
de arroz, sus piernas se hunden en las aguas del mar, se reencuentra con el secreto de las
aguas profundas. Ella y el pez están frente a frente. Ella se asusta un poco.
El corazón humano, es suave y áspero. Nos detenemos sin violencia a contemplar lo
sucedido. Pienso que quizás ella no recordará la escena . No lo sé , no cuestiono la realidad
que es invisible a los ojos humanos. A los pocos minutos , estamos en marcha nuevamente,
divertidos , sudorosos y enamorados, muy lejos de Hiroshima.

POEMA 07

LA DESNUDEZ DEL PEZ ROJO DE HIROSHIMA
La desnudez del pez se desvanece entre los dedos.
En un mar de pensamientos,
intentamos detener nuestra mirada,
ofrecer nuestras manos hechas por un artesano,
cerramos los ojos para capturar el sueño de una nube.
Se fabrican instrumentos musicales
con los huesos de criaturas marinas
con caracolas de mar
con otros seres que solo son capaces de ejercer su libertad
sumergidos, en la profundidad del océano.
Jamás un sexo tan profundo, un amor tan diestro.
La desnudez del pez,
se presiente desde el puerto de Osaka
hasta el puerto de Mumbai.
El mundo es un lugar enternecido
por la desnudez.
Ante el ojo humano, el pez va haciéndose
cada vez más pequeño
hasta ser capaz de habitar el corazón
de la manzana que cuelga de un árbol.
El pez contempla con su ojo de pez la primavera.

POEMA 08

EL SECUESTRO FALLIDO DEL PEZ
Unos seis hombres con armas,
llegaron a la casa sin permiso,
comenzaron a buscar el espejo de mano y al pez.
El pez rojo de Hiroshima está valorizado en un millón de yenes.
Las ollas caen bruscamente.
Rompen las sillas a golpes.
Salpican los vidrios de la ventana.
Tú estás muy lejos en tu semblante callado,
entre el patio trasero y tu tempo.
El pez rojo tiene la habilidad de los alquimistas
para cambiar de formas:
ahora es un pez multicolor, un pez volador
finalmente toma la forma de unos anteojos antiguos de plata quemada.
No tengo más opción que ver con las visiones del pez
que salió de tus ojos esta mañana y cayó a mis pies.
Hay otra explosión afuera de la ciudad, están en Nagasaki.
Los soldados, me ponen una cuchilla en el cuello,
no encuentran lo que buscan y se marchan, no te vieron.
Busco tu mano, mi visión es borrosa con un aumento distorsionado.
La luna inicia sus canciones de cuna sobre los charcos de sangre.
Tu mano conserva su pulso, un poco fría.
Tu mente eleva plegarias por los caídos en la primera explosión.

POEMA 09

Imagino lo terrible que debió ser para ti
que te vistiera, te peinará y te obligara a comer
los onigiri -bolos de arroz- congelados y con pólvora.
Pero tenías que vivir, así que construí una carpa
con los restos del campamento invasor.
Bebimos el agua y el sake de los soldados ya muertos.
Porque teníamos que sobrevivir al silencio, a la gran explosión y al pánico.
La guerra nos arrebató el gesto de sonreír
pero teníamos dos corazones aún con vida detrás del abismo.


POEMA 10

Cuando el pez rojo de Hiroshima
se dejó ver por primera vez en tus ojos .
Actué con mucha cautela,
no porque estuviese asustado de los escombros de la guerra,
yo ya tenía en mi piel algunas cicatrices de la guerra civil anterior.
Fui muy cauteloso para que no descubrieras
en ti misma algo que no querías ver.
A mí las sombras no me asustan
porque nací en una comunidad de curanderos.

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Autor

  • Semanario El Búho

    Las notas publicadas por “Semanario El Búho” fueron elaboradas por miembros de nuestra redacción bajo la supervisión del equipo editorial. Conozca más en https://elbuho.pe/quienes-somos/.

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