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Arequipa

Arequipa de día y de noche… pero en pandemia

El centro histórico de Arequipa era un verdadero desierto. Hermoso, pero aterrador. Así fueron los días de pandemia en la ciudad blanca

En los casi 5 siglos que lleva fundada Arequipa, ha vivido diversos momentos dramáticos, guerras, sitios de la ciudad, sangrientas revoluciones y conflictos sociales que obligaron a sus habitantes a refugiarse en sus casas. Pero lo del año 2020, no tiene antecedente similar.

La gravedad de lo que se venía, tras el solemne anuncio del entonces presidente Martín Vizcarra no se podía imaginar, pero sí temer: una cuarentena estricta. A la larga, seguramente fue útil porque fueron más de 7 mil las muertes que provocó en la ciudad de Arequipa ese virus del mal que causó la Covid-19.

Las noticias que, desde varios lugares del mundo nos mostraban cadáveres amontonándose en hospitales y calles, hizo que los peruanos, por fin, respetáramos una prohibición. Y por primera vez en su historia moderna, la ciudad quedó literalmente desierta en calles y plazas.

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Pegados al teléfono o a la computadora, con clases virtuales, trabajo remoto o siguiendo las noticias, los arequipeños se vieron obligados al encierro en casa. Salir de compras se convirtió en una verdadera aventura u odisea, según el punto de vista del marchante. Y los parques, las aves y el cielo que volvió a ser azul, agradecieron ese respiro.

Nuestro fotógrafo estuvo entre los pocos que, debidamente acreditado y protegido, se aventuró por las calles vacías. Las calles de Arequipa, antes ruidosas y caóticas, lucían intimidantes y misteriosas en el trágico año de inicio de pandemia. No hace falta más palabras para describirlas. Solo véalas.

Imágenes únicas en su historia

Así lucían, de noche y de día respectivamente, los emblemáticos portales de la Plaza de Armas durante la cuarentena.

Y las calles céntricas, normalmente afectadas por un intenso ir y venir de las personas esquivando el abigarrado tránsito, se vieron así.

La Catedral, siempre radiante, ya sea bajo la luz del sol, o creciendo sobre las luminarias, lucía hermosa, solemne, pero solitaria, como en las películas del oeste antes de los disparos.

Y la gran cantidad de callecitas de aspecto colonial que aún alberga el centro histórico, nos hicieron retroceder en el tiempo. Estas fotos son auténticas, sin retoques ni efectos, de cómo se vio una ciudad desierta, con todos sus habitantes atrapados entre el miedo y el contagio.

Fotos: Erick Rodríguez

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