Ayacucho: maravillas inexploradas en su patrimonio turístico

Su hermosa ciudad capital y los vestigios del imperio Inca y la Cultura Wari son un nuevo atractivo turístico incomparable del Perú

Viajes

Todos los peruanos hemos expresado en alguna oportunidad, ¡Qué hermoso es el Perú! o que “no tenemos nada que envidiar a otros países”. Y solemos decirlo porque nos sale del corazón al ver los paisajes naturales incomparables que poseen todas nuestras regiones, o porque tenemos un desierto del que pasamos a un manglar, o de la sierra a un valle, o a la selva.

Si bien es cierto el turismo interno en los años previos a la pandemia ha tenido un gran impulso por parte de diferentes gobiernos e instituciones encargadas de promocionar la movilización de peruanos de un lugar a otro; no se puede decir que todos los peruanos tienen la oportunidad de maravillarse con las belleza natural y tesoros arqueológicos o arquitectónicos de nuestro Perú, que pasan desapercibidos para la mayoría.

Este puede ser el caso de Ayacucho, que todos conocemos y reconocemos por ser la ciudad de las múltiples iglesias; de las celebraciones de Semana Santa o porque allí está la Pampa de la Quinua, últimamente escenario de la celebración del Bicentenario Patrio; pero Ayacucho es mucho más que eso. Su potencial histórico y turístico es enorme. Los vestigios de la Cultura Wari o las ruinas incaicas de Vilcashuamán, con su laguna Pumacocha. Además, los templos del Sol y la Luna, aún sin redescubrir, seguramente serán un punto turístico casi tan importante como Machupicchu. Aquí algunos trazos de la inexplorada región de Ayacucho.

Ayacucho: La “Ciudad de las Iglesias”

Fundada como San Juan de la Frontera de Huamanga el 25 de abril de 1540 y llamada Huamanga hasta el 15 de febrero de 1825; Ayacucho es una ciudad que es capital del distrito homónimo, de la provincia de Huamanga y departamento del mismo nombre. Se encuentra situada en la vertiente oriental de la cordillera de los Andes a una altitud de 2761 m s. n. m.. Y tiene un clima templado y seco, con brillo solar todo el año.

Destacan en ella, sus más de treinta templos coloniales por lo que se le conoce como la “Ciudad de las Iglesias”, que son de estilo renacentista, barroco y mestizo y que guardan en su interior verdaderas obras de arte como pinturas, imágenes y retablos tallados en madera y bañados en pan de oro.

También es llamada la “Ciudad Señorial” por sus edificaciones, tradición y arte, que forman uno de los conjuntos arquitectónicos y artísticos más notables del Perú. Destacando igualmente por su música y festividades, como los carnavales y sobre todo la Semana Santa -considerada como la segunda más importante del mundo- y lo que ha valido para que, ambas manifestaciones sean declaradas Patrimonio Cultural de la Nación.

Vestigios del Imperio Wari

Los operadores turísticos de Ayacucho, ofrecen unos circuitos que dejan al visitante satisfecho porque pueden gozar de naturaleza, de vestigios arqueológicos, gastronomía y artesanía. Seguramente la variedad y combinación de los tours pueden ser muchos. Pero hay uno que permite conocer el Complejo arqueológico Wari, el pueblo de artesanos de la Quinua, las Pampas de Ayacucho o Santuario Histórico y el monumento a la Batalla de Ayacucho, con su Obelisco y la planicie misma que ocupan un espacio aproximado de 2,200 hectáreas.

El sitio arqueológico Wari se encuentra ubicado en el distrito de Quinua, dentro de la provincia de Huamanga, y es muy importante saber que está a una altitud de 2,750 metros sobre el nivel del mar, por lo que conviene avanzar poco a poco o llevar consigo pastillas contra el mal de alturas. De Ayacucho se sale primero hacia el complejo arqueológico de la cultura Wari, la misma que apareció entre los años 500 a 1100 y surgió a 20 km al noreste de la actual ciudad. Esta cultura Wari según los historiadores se formó sobre la base de las culturas Huarpa, Nazca y Tiahuanaco.

Se sabe que Ayacucho fue el centro político administrativo de este primer imperio andino pre-incaico, que alcanzó altos niveles de calidad en producción de cerámica, tejidos, metales y piedra, entre los años 1100-1420 d.C. en el periodo de los Chancas. La ciudad de Wari llegó a tener una población superior a los 50 000 habitantes. Y según señalan, el Imperio Wari se expandió hasta los territorios que corresponden a los actuales departamentos de Cajamarca y Lambayeque, por el norte y por el sur hasta lo que son hoy los departamentos de Cusco y Moquegua.

Ciudad capital del estado panandino Wari

El Complejo Arqueológico Wari, que fue una ciudad prehispánica capital, del estado panandino Wari (600-1100 d. C.), consta de plazas, calles, plataformas y acueductos. Es en el núcleo urbano central, de unas 400 hectáreas, en donde se encuentran las principales edificaciones.

Tiene diferentes sectores denominados ‘barrios’ y sus construcciones están hechas a base de piedra y barro revestidas de un enlucido fino, mayormente pintadas con rojo y blanco.

Destacan varias estructuras, entre ellas: Vegachayoc Moqo, Templo Mayor, Mongachayoc (galería subterránea para ser usadas como lugar de enterramientos colectivos), Cheqo Wasi (también usado como estructura funeraria), Turquesayoc (posible barrio de artesanos joyeros), entre otros.

Lo bueno es que este complejo cuenta con un museo de sitio que expone el material arqueológico proveniente de las excavaciones en el lugar (vasijas de cerámica, arcilla, fragmentos óseos, líticos, entre otros) y lo complementa con fotografías y dioramas que hacen entender mejor lo que el visitante va a ver.

El Santuario Histórico de la Pampa de Ayacucho

Del complejo Wari se va al Santuario de la Pampa de la Quinua, donde se dio el triunfo de las tropas patriotas sobre las realistas, en la famosa Batalla de Ayacucho, un 9 de diciembre de 1824, que definió la emancipación del Perú y de toda América del Sur del dominio español.

En conmemoración a este evento histórico se erigió un obelisco de 44 m de altura, que representa justamente el mismo número de años de lucha desde 1780, desde la primera revolución de Túpac Amaru. Aquí los vientos son muy fuertes ya que está a unos 3 396 m.s.n.m., al pie del cerro Condorcunca. A su costado derecho se encuentra la catarata y el cerro del Apu Amaru.

Pueblo de artesanos de la Quinua

Este pueblito lleva su nombre debido a la queñua, que es un árbol típico que abunda en la zona. Es un pueblo andino donde uno puede pasear por las casas-talleres de los hábiles artesanos, autores de los famosos retablos ayacuchanos, considerados un emblema nacional.

Sus callecitas son empedradas y sus casas tienen techos de tejas que están adornados con pintorescas iglesias de cerámica y otras simbologías que mantienen viva su herencia colonial.

Y en sus restaurantes se pueden degustar los platos típicos de Ayacucho como la Puka picante, el Puchero ayacuchano, Cuy chactado, Adobo ayacuchano, Pachamanca y el Chorizo ayacuchano.

Las puyas de Raimondi de camino a Vilcashuamán

Este atractivo turístico está incluido en otro tour que ofrece al visitante conocer una zona rural o de cultivos donde se puede apreciar una buena cantidad de las Puyas de Raimondi. De ahí, siguiendo camino se llega al complejo de Vilcashuamán y quedar pasmado con los vestigios incas que uno puede encontrar allí.

La Puya de Raimondi es una majestuosa planta que crece en alturas superiores a los 3000 m s. n. m. y puede alcanzar los 10 metros de altura. Esta bromeliácea, también conocida como Titanka, tiene un gran valor ecológico al poseer la inflorescencia más grande del reino vegetal, con hasta 18 mil flores por planta y pueden vivir más de cien años.

Dedicando un día en especial, se puede ir a las alturas de Ayacucho donde se encuentra el Bosque de Puyas de Raymondi o Titankayocc, que es un Área de Conservación Natural que alberga cerca de 250 mil ejemplares de estas magníficas plantas.

Vilcashuamán: el gran complejo inca de Ayacucho

Y si bien Ayacucho no cuenta con huellas incas tan potentes como las que tiene el Cusco, definitivamente aquí se encuentra otro punto de interés –esperamos muy pronto- del turismo internacional.

Porque este fue uno de los centros administrativos más importantes del Tahuantinsuyo o Imperio Inca: el que hoy se denomina complejo arqueológico de Vilcashuamán, palabra que en quechua significa “halcón sagrado”.

Según la historia, hacia el siglo XV, la región fue ocupada por los incas, después de la derrota de los Pacoras y Hanan Chankas de Parcos, que controlaban a todos los ayllus del Ancoyaco (Mantaro) teniendo como capital a Paucarbamba.

Así, los Incas reafirmaron el actual emplazamiento de la ciudad como un centro administrativo, aplicando su política de mitimaes, trasladando a muy pocas poblaciones originarias a otros lugares y repoblando Ayacucho con etnias y pueblos de algunos pocos lugares del imperio.

El Ushnu

Es una pirámide ubicada en este complejo arqueológico que, como se tiene en muchas otras ciudadelas incas, servía para ubicar el trono del Inca. Esto porque al máximo mandatario de esta cultura le gustaba tener su sitial desde el que pudiera controlar todo lo que ocurría y presenciar las ceremonias. Este lugar para el inca es el Ushnu, la pirámide de cinco plataformas sobre la que se encuentra un sillón labrado en piedra y que tenía planchas de oro.

Detrás del Ushnu se encuentra una edificación que, según creen los expertos de Vilcashuamán, se trataba del palacio de Pachacútec, una construcción en la que se refleja la gran calidad de la arquitectura inca.

Desde el Ushnu, el inca tenía una vista completa de la laguna de Pumacocha o lago del Puma por su forma, que dicen mandó a “crear” para su esposa o “coya”. Está ubicada a una altitud de 3126 msnm, en el distrito de Vischongo, provincia Vilcashuamán. En él se puede observar aves como los flamencos o parihuanas, así como el volcán Sara Sara y el Achatayhua.

Una iglesia sobre el Templo del Sol inca

La iglesia colonial de San Juan Bautista fue construida sobre el antiguo Templo del Sol que está ubicado en la parte sur de la Plaza Trapezoidal. Ésta es seguramente, la construcción más importante de todo el complejo arqueológico de Vilcashuamán. Se trata del Templo del Sol, un lugar dedicado al dios poderoso de los incas, el Inti. Junto a él se encuentran otros lugares de interés como el Templo de la Luna.

La ciudad también sufrió la furia de los españoles como en el resto de lugares de Latinoamérica. Los conquistadores pensaron que aquí se encontraba un tremendo tesoro y saquearon este lugar, con especial ahínco en el Templo del Sol. Después de causar graves daños en esta edificación sagrada de los incas, sobre ella construyeron la iglesia de San Juan Bautista, que aún hoy se mantiene en pie.

Plaza Trapezoidal

Cuando uno visita una construcción inca es muy común encontrarse con plazas trapezoidales, una de las principales características de su arquitectura inca. Y la de Vilcashuamán no es la excepción. Fue construida para diferentes fines: ser un espacio tan grande que, sirviera para albergar a alrededor de 20.000 personas, por lo que era ideal para alojar al numeroso ejército que acompañaba al inca en sus viajes. Además, según cuentan los libros de historia, aquí también se realizaban sacrificios de humanos y animales, sobre una roca que todavía se conserva y que se puede ver: la piedra del sacrificio.

Vilcashuamán se convirtió en una verdadera obra de arte de la arquitectura inca. Cuenta con las típicas características de las construcciones levantadas por esta cultura: una plaza trapezoidal, templos dedicados al sol y la luna y un trono sagrado. ¡Sus edificaciones resultan imponentes hasta el día de hoy!

Lo valioso de conocer este lugar es que uno, como peruano, puede imaginar y constatar, lo grandioso del imperio incaico. Es importante sí, tener a un profesional de la historia para entender mejor lo que fue este complejo y todos los monumentos arquitectónicos. Pero en todos los casos, sea que se cuente con un guía o no, uno quedará asombrado de la belleza de este monumento histórico que nos renueva el orgullo por nuestras raíces ancestrales y por haber nacido en esta hermosa tierra del Sol.

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