La nueva vida de un trovador

Facundo Cabral: Historias bellas para contar

La madrugada del 9 de julio del 2011, en ciudad de Guatemala, Facundo Cabral era acribillado. Según el parte médico, fue muerte instantánea. Aquí una crónica publicada en El Búho en aquel momento,

Música
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(Semanario El Búho, 17 de julio del 2011). Justo un día antes de nacer, su padre había abandonado el hogar. Sara, la madre, a la cual siempre volvería en los poemas y canciones, tuvo entonces que asumir la responsabilidad de los 7 hijos, totalmente sola y expulsada por su padre de la casa. Según Facundo Cabral, nació en una fecha incierta y en una calle de La Plata.

Lo siguiente fue la plena desgracia. Frío y hambre diezmaron a la mayoría de sus hermanos, mientras Sara viajaba con ellos hacia la Patagonia en busca de trabajo. Y ahora que uno piensa, quizá lo suyo en verdad fue un milagro, algún extraño designio de un dios perfecto, alguna forma de contrato con su alma para luego, a través de él, manifestarse. Y ahora que se toma conciencia, se da con el suelo y uno se entera por un cable de noticias que Facundo está muerto.

A los 9 años escapó de su casa y quiso llegar hasta Buenos Aires para encontrar a un tal Juan Domingo Perón, porque había oído que éste les daba trabajo a los pobres. La historia completa pocos la conocen, pero lo que sí todos saben es que Facundo burló todo y llegó hasta el presidente de la nación y su esposa y, como se lo había propuesto, le pidió trabajo; la respuesta fue célebre y fue de la Primera Dama, “por fin alguien que pide trabajo y no limosnas”. A pesar de ello Facundo no tuvo la vida que Evita Duarte hubiera querido para aquel niño que envió de vuelta en avión hacia la Patagonia.

De pura bronca contra su padre cayó en el alcoholismo y apenas unos años después fue encerrado en un reformatorio por su actitud violenta. Entonces uno piensa que lo suyo es una cosa extraña, que la vida nos pone en el borde del abismo y que, como si fuera un capricho, de pronto todo cambia. Entonces lo recuerdas y tienes la dura certeza de que la vida es muy, pero muy extraña: ahora Facundo está muerto.

En el reformatorio, gracias a un sacerdote diligente, aprendió a leer y escribir en apenas 2 años y medio. A partir de ese momento su relación con los libros fue como la que no tuvo con su padre. Libros, filosofía y religión le dieron todo lo que le faltaba. “Me volví loco -dice en un libro-, comencé a escribir como un desaforado y cuando se me acababa el papel, escribía en las paredes”.

A los 20 años consiguió su primera guitarra. Dicen que fue la figura emblemática de Atahualpa Yupanqui quien lo animó al canto; otros, que fue viendo y oyendo a los viejos milongueros del campo donde trabajaba. No importa, lo cierto es que a esa edad comenzó lo que ahora todos conocemos. Quizá primero en el campo, entreteniendo a los que, como él, hundían sus manos en la tierra y el agua; y luego en los escenarios, también hundiendo pero mucho más profundo, su voz en nuestra vida y nuestra sangre.

Nuevamente en La Plata y luego en Buenos Aires, Facundo fue un mendigo, un andrajoso visitador de lupanares con guitarra en mano en busca, otra vez, de trabajo. De pronto cierto día se convirtió en El Indio Gasparino, el autor de un disco de música bailable que cogió fama en los medios televisivos y radiales. Luego, como todo en la vida, la fama se hizo agua entre sus dedos, dejó de ser El Indio Gasparino, el cantante de pop que muchos aclamaban y entonces empezó a ser Facundo Cabral, el trovador comprometido que ahora nadie cree que fue asesinado en ciudad de Guatemala.

Facundo Cabral seguramente tiene la historia de vida más extraordinaria que alguien pueda narrar. No importa si en cada versión algunas cosas cambian, como que no fue que su padre los abandonara un día antes de su nacimiento; como que no regresó en avión a la Patagonia luego de encontrar a Juan Domingo Perón; como que no fue que aprendió a leer y escribir en menos de 3 años, etc., etc; No importa, lo verdaderamente relevante es que cada una de las versiones de su historia son apasionantes, encantadoras y en cada una sigue siendo Facundo, el barbón de lentes oscuros que encandila. Incluso podría decirse que también ésta última, la historia del asesinato en ciudad de Guatemala, es solo una versión, mas no la verdadera.

Yo estoy seguro que dentro de poco sus seguidores tejerán nuevas historias que cambien el destino de Facundo; y lo harán morir quizá de maneras más trágicas aún, pero que no quepa la duda que será una historia bella para contar.

Texto: Arthur Zeballos

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