Historia, terror, guerra y anarquía en el Sur Andino

"Son estos grupos sociales diversos y heterogéneos en el sur andino, los que ahora se han puesto de pie. Las razones de coyuntura en realidad cuentan poco. Hay demasiadas razones"

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“Vi más debajo del sol: en lugar del juicio, allí impiedad; y en lugar de justicia, allí iniquidad” Eclesiastés, 3:16.

Por Gustavo Montoya (historiador)

Tal vez pocos hayan reparado, que un intelectual usualmente ponderado, el psicoanalista Max Hernández, secretario técnico del Acuerdo Nacional, haya concluido su declaración ayer, con inocultable fastidio “nadie cree en la palabra de nadie”; acto seguido, y tal vez haciendo suyo el poema de Vallejo agregó: “si al final de la palabra, no sobrevive la palabra, más valdría en verdad que se lo coman todo y acabemos…”. El mensaje es obvio… Todo esto al interrumpirse la reunión del Acuerdo Nacional, debido a la acumulación de muertes en el sur del país, efecto de la brutal represión de protestas y reclamos, en realidad históricos y de diferente naturaleza.

Tenemos una república a medio hacer, un archipiélago de naciones inconclusas para citar a Zein Zorrilla, enfrentadas y agrietadas, un Estado precario, corrupto hasta el tuétano y centralista. Lo hemos contemplado con asombro e indignación durante la pandemia y lo estamos viendo ahora mismo. Dos de esas naciones, la aymara y quechua que habitan el altiplano, poseen una historia larga, milenaria, densa y compleja. Son las que se han levantado, una vez más …

Para empezar, poseen memoria histórica, símbolos, emblemas, íconos y héroes culturales. Idioma, territorio, tradiciones, usos y costumbres que los identifican. No les son ajenos ni extraños, los sucesos políticos y militares que estremecieron todos sus territorios a lo largo del siglo XVIII, y cuya cúspide fue el estallido de la Gran rebelión bajo la égida de Túpac Amaru y los hermanos Katari. La bibliografía es extensa. ¿Lo saben las autoridades que intentan iniciar el diálogo?

Durante el siglo XIX, fue escenario de otra rebelión sangrienta que enfrentó a gamonales propietarios frente a comuneros y pequeños comerciantes entre 1866 y 1868. El líder de la rebelión no fue un don nadie. Juan Bustamante era tan ilustrado como cualquiera de su época, había recorrido el mundo. Era pues un mestizo cosmopolita. Hablaba varios idiomas y estaba al corriente de la cultura y el proceso político en Lima. Autor de obras y estudios importantes. Había sido además diputado. El desenlace fue dantesco, con la muerte, descuartizamiento e incineración del propio Bustamante. Fue la venganza y escarmiento de los propietarios.

En el siglo XX, nuevamente las hogueras y campamentos indígenas y campesinos fueron objeto de enfrentamientos, de terror, anarquía y exterminio. Un sargento del ejército Teodomiro Gutiérrez Cuevas, con el sobrenombre de Rumi Maqui, volvió a enardecer las utopías y pesadillas entre las mayorías sociales en esos territorios del sur a lo largo de 1915. Los rebeldes fueron acusados de querer restaurar el imperio de los incas.

De otro lado, los niveles de alfabetización avanzando el siglo XX fueron regularmente consistentes. La presencia de misiones protestantes logró instalar cierta ética del trabajo que seguramente contribuyó a esas habilidades para el comercio y la acumulación entre los medianos propietarios y comerciantes. Tomas de tierra en los años 50 y 60. Si los hacendados habían sido heridos de muerte con la reforma agraria de Velasco, ello no obstante, las ciudades se poblaron con nuevos rostros. Emergía el proletariado urbano. No en vano puneños y juliaqueños son eximios comerciantes.

Por lo demás una zona de frontera y de contrabando. Para ese largo y conflictivo siglo XX, urge volver a revisar un libro capital que da cuenta de las señas específicas del conflicto social, las mentalidades, los procesos económicos, sociales y de politización campesina, sin omitir la guerra, la barbarie y el terrorismo que desató Sendero Luminoso; es la investigación de José Luis Rénique convertida en libro: La batalla por Puno. Violencia y democracia en la sierra sur.

Todo este apretado recuento, debería hacer pensar en esta realidad a los que toman decisiones en el actual gobierno, ya que se trata de una región consistente y estructurada por la historia. Una identidad e imaginario que es asumido con cierto orgullo, muy visible en el folklore y la estética regional. Son estos grupos sociales diversos y heterogéneos en el sur andino, los que ahora se han puesto de pie. Las razones de coyuntura en realidad cuentan poco. Hay demasiadas razones y cuentas pendientes objetivas o imaginarias, que una vez más se han puesto en movimiento.

Si antes, el conflicto enfrentaba a grupos sociales antagónicos, ahora se trata del deslizamiento de la violencia en contra del Estado. Cuenta además, ese corredor fronterizo boliviano con una memoria de rehacerse siempre al acecho. El agravio, el resentimiento y cierta ira social. Nada de esto es nuevo en el país. Sobre todo, en esas regiones y localidades pobres y miserables que claman por Estado justamente. No están aislados. Nunca lo estuvieron. Las redes sociales, el Facebook y el WhatsApp hacen parte de sus vidas cotidianas. Están al corriente de los desmanes, las pitanzas y el escarnio de la farándula congresal.

Causa pavor y desasosiego contemplar esas imágenes de turbas casi enloquecidas arrasando lo que hallan a su paso. Jóvenes sin suerte ni futuro. Perdedores precoces y a la deriva. ¿Y esas vidas inocentes víctimas del fuego cruzado? Ese sur andino enfurecido puede convertirse en una suerte de ensayo, y ser replicado en otras regiones con particularismos concretos. Es lo que no piensan esos incendiarios que azuzan cómodamente desde la capital por la tierra arrasada y el exterminio. Como también puede ser un ensayo de represión, crimen y escarmiento desde el poder a toda forma de protesta legitima. Los extremos de uno y otro lado. Nada de esto es nuevo en la historia peruana.

Esta bicentenaria república maltrecha y anómala que existe, podría estremecerse desde sus raíces…. Cito el párrafo completo del poema de Vallejo: “¡Y si después de tantas palabras, no sobrevive la palabra! ¡Si después de las alas de los pájaros, no sobrevive el pájaro parado! ¡Más valdría, en verdad, que se lo coman todo y acabemos!

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