Educación virtual de emergencia

Trocha urbana

Hace más de dos décadas que entramos a la era digital y parece que para algunos es noticia nueva. A raíz de la necesidad de realizar clases virtuales en la educación básica regular se ha podido observar, en la reacción de algunos padres de familia, esta falta de información respecto a lo que significa esa modalidad. Entre los múltiples comentarios en redes se puede observar a muchos que tildan a la clase virtual de “engaño” o de ser algo por lo que no se debería pagar. Eso es, nuevamente, la resistencia al cambio de paradigmas.

En primer lugar, se entiende que muchos padres de familia están angustiados por el pago de pensiones, debido a que muchos de ellos han visto mermados sus ingresos debido a la cuarentena. No obstante, eso no justifica que pretendan menospreciar el trabajo que realizan los docentes, porque las clases virtuales son tanto o más trabajo que una clase presencial. Si bien no todos los docentes están capacitados para cumplir este reto adecuadamente, esta es una falencia que tiene que irse corrigiendo, pues la educación virtual estará con nosotros por algunos meses más. Lamentablemente, el menosprecio con el que se está hablando del trabajo docente y lo virtual no va a contribuir en mucho con este objetivo.

Debemos tener en cuenta que lo virtual no tiene porqué “ser lo mismo” que lo presencial, pues tiene características de otra naturaleza, lo cual no implica que sea de menor calidad. Lo que significa es que tenemos que comenzar a fijar nuevos parámetros para medir esa calidad. Eso es lo que se debería estar discutiendo.

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