Semana Santa en Arequipa: días santos en tiempos difíciles

Desde antiguo, estas fechas evocan días llenos de arrepentimiento por el recuerdo de la pasión, muerte y resurrección de Cristo. Así se vivía la Semana Santa en otras épocas, también signadas por crisis como la actual

Reportaje
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Encapuchada y descalza, la Cuadrilla Escarlata, una de las más notorias señales de arrepentimiento en los fieles católicos, caminaba silenciosa por las calles de Arequipa al son de la banda que acompañaba la procesión, llevando en hombros al Señor de la Caridad.

Vestidos de negro guardaban cuidadosamente su identidad, porque aunque han decidido confesar con pesadumbre los pecados cometidos, prefieren hacerlo sólo ante Dios; y no ante la multitud, que tal vez sea menos benévola para perdonar. Estos encapuchados, que en ocasiones llevan cruces de madera al hombro como Jesucristo, solían recorrer las calles de rodillas, causando gran impresión entre el bullicioso tumulto que también acompañaba las romerías.

Pero el fervor religioso no se expresaba sólo de esta manera. Muchas mujeres devotas también descubrían sus pies y, arrepentidas, seguían la procesión en busca de un perdón que les permitiera calmar penas. Otras tapaban sus cabezas con velos blancos y, sahumerio en mano, rendían culto a aquel que decidió salvarlas del pecado.

Este pecado, que avergüenza y perturba conciencias, hacía que muchos visiten confesionarios en iglesias y capillas. Ante un sacerdote, abrían plática de errores y no pocos ensayaban sencilla y silenciosa conversación ante alguien no humano; a quien no ven pero en quien creen.

El perdón es el principal objetivo, Jesús morirá llegado el Viernes Santo y es necesario que él lleve consigo faltas ajenas. Egoísmo que nos hace humanos, desconcertantes pero llenos de fe.

Así se desarrollaba la Semana Santa en nuestra Arequipa, con la primera procesión sobre alfombras cuidadosamente elaboradas de pétalos y aserrín pintado de colores; parroquias abarrotadas de gente, velas, palmas y estampidas. Días llenos de arrepentimiento que sólo se hace presente frente al recuerdo de la pasión, muerte y resurrección de Cristo.

Iniciada la Semana Santa, el domingo de Ramos se recibía con cruces tejidas de ramas de laurel o palmeras, que asemejan aquellas palmas que se batieron a la entrada de Jesús a Jerusalén. Los ramos se bendicen durante la celebración de la misa para luego guardarse por los fieles tras las puertas de ingreso a sus hogares; pues según la creencia popular evitará la entrada de males y daños a la familia.

Hace algunos años, era costumbre en la ciudad incluso sacar alguna imagen del señor sobre un burro para teatralizar aquella entrada en la que, según la historia, Jesús era reconocido como hijo de Dios a su ingreso a ciudad santa.

El sufrimiento de Jesús había comenzado y desde el lunes todos los templos de la ciudad lucen sus altares cubiertos con telas moradas o negras hasta que llegue la pascua, como muestra de luto por el padecimiento de Jesús.

Años atrás los caballeros religiosos debían vestirse de negro y enclaustrarse por tres días en algún convento para comulgar sólo cuando llegaba la gloria. Las madres y abuelas no debían permitir que los niños efectúen juegos que hagan que las risas broten, pues era tiempo de reflexión donde la recreación y el esparcimiento no estaban pemitidos.

El Cristo de la Caridad, traído desde España, patrono de Arequipa desde tiempos del Papa Urbano VIII, iniciaba las procesiones que habían de realizarse en Semana Santa.

Desde el 5 de marzo de 1684, en que sale por primera vez en peregrinación de la iglesia Santa Martha y llega hasta la Plaza de Armas, no vio interrumpido su recorrido todos los lunes santos.

El martes, la procesión de Jesús salía de la iglesia de la Compañía, se renovaban promesas sacerdotales y bendecían Crisma y Óleos que se utilizaban para impartir sacramentos de bautismo, confirmación o extremaunción. Es el Jesús Cautivo, la Virgen de la Macarena y el Señor del Justo Juez, que coronado con espinas y arropado con manto escarlata, recuerdan al varón de los dolores que fuera entregado a soldados romanos tras el juicio ante el pueblo y Pilatos.

EI Miércoles Santo, el Señor de la Sentencia estaba en las calles otra vez en medio del tumulto que se decía devoto. El jueves, se realizaba el lavado de pies a cargo del arzobispo, en ceremonia que era la más concurrida. Muchas veces no son elegidos entre harapientos pordioseros, como dice la tradición, y se preferían otros doce devotos.

La misa de la institución de la eucaristía y el recorrido de las estaciones hacía que el bullicio se apodere del centro de Arequipa. A empujones, la gente abarrotaba 14 iglesias, como emulación de las veces que Jesús cayó abatido por el cansancio en su camino a la crucifixión.

Es Viernes, y él ha sido crucificado, están prohibidas las misas y la Vía Crucis es leído por sacerdotes. Viejas películas de la pasión, muerte y resurrección exponen los canales de televisión, algunos llantos de tristeza, pero luego, todo ha vuelto a la normalidad.

Tras la vigilia pascual o de Gallo, Nuestra Señora de las Angustias la llevan en hombros para consolarla el domingo en la misa de resurrección. Más mundanos, nuestros paisanos proceden muy temprano a quemar a Judas por aquella traición que a pesar del tiempo de reflexión, no han perdonado. Junto a él, también ven arder imaginariamente a los personajes y políticos que han defraudado la confianza de su pueblo.

Texto: Katerine Montesinos
Publicado en el Semanario El Búho

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