Carlos Eduardo Quenaya: Un poeta de otro planeta

En esta entrevista conversamos con el poeta arequipeño sobre su nuevo poemario “La forma del confín”, su proceso creativo y su estilo de escritura.

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(Foto: Alexandra Montoya – El Búho)

Al cerrar los ojos era capaz de ver las calles adoquinadas que confluían en la plaza. Al abrirlos, las nubes rojas sobrevolaban el ambiente enrarecido y las naves aterrizaban con movimientos pendulares en la arena marciana. Y al cerrar los ojos otra vez, su madre lo tomaba de la mano y lo conducía por el mercado San Camilo, en medio de la desorientación causada por la compulsiva oferta de papas y verduras.

Fragmento de “Pueril”, del libro La forma del confín.

El poeta y filósofo arequipeño Carlos Eduardo Quenaya presentó su reciente libro “La forma del confín” ,este fin de semana en Arequipa. Este es su cuarto poemario y contiene 28 poemas, divididos en tres partes (Reporte sideral, Vientre de las estrellas y Espuma del confín).

Su interés por la literatura empezó a surgir hacia el final de sus estudios secundarios, y en la universidad es donde descubre la poesía. Mientras estudiaba filosofía encontró un espacio con sus amigos para incursionar en este mundo, descubriendo quizás cosas más interesantes que las del mundo en los salones de clases.

En el 2008 publicó su primer poemario titulado “Elogio de otra vana invención”, seguido por “Los discutibles cuadernos” (2012) y “La trama sorda o la nube del no saber” (2016). Al terminar este tercer libro, decidió explorar nuevos tonos.

En el 2019 terminó de formar la idea del poemario, al que describe como “un texto lúdico, una especie de viaje en el espacio”. Con la compañía de Starman de David Bowie, se trasladaba a esta atmósfera de ciencia ficción.

Al inicio escribo sin tener mayor idea hacia dónde va la cosa. Me gusta acumular material y ya cuando tengo un montón de material acumulado, comienzo a ver hacia dónde puedo cortar, qué dirección tiene o qué concepto está apareciendo.

Carlos Eduardo Quenaya, poeta.

A través de versos y prosa conocemos este viaje en el espacio de nuestro protagonista, el Profesor Jeringa. Quenaya juega en torno a la idea de un peruano de esta época que estuvo congelado en el tiempo 200 años. Y que luego despierta en el futuro y recuerda su pasado mientras observa este universo. Pero más allá del tema, lo importante para él es el tono del libro.

Cuando yo encuentro un tono ya me parece que hay un proyecto que tiene sentido, que puede caminar. La literatura me interesa por el tono de la prosa o el poema. El tema me parece secundario, es un efecto del tono.

¿Por qué el nombre “La forma del confín”?

Me gustaba la palabra confín en este caso porque creo que tenía algo hasta de ingenuo. Tenía varios títulos tentativos dónde siempre aparecía la palabra confín, es un tema que aparece en los poemas, o sinónimos también.

Carlos Eduardo Quenaya, poeta.

La idea del “confín” es llegar a las fronteras más lejanas de algo. Para Quenaya la idea del viaje en el libro trata justamente de acercarse a esos límites inimaginables o imposibles de llegar. Sin embargo, puede tener otras interpretaciones. Busca usar títulos que sean “opacos” (incluso para el mismo), pero sugerentes.

No me interesa interpretar mi texto como para agotar yo la interpretación de lo que significa. No es mi trabajo en todo caso, en tanto a autor, sino más bien tratar de generar textos que tengan cierta opacidad para que después la gente se haga esas preguntas y entremos en ese juego.

Poeta Carlos Eduardo Quenaya

Una manera de conectarse con su infancia

La soledad era mi manera absoluta de enfrentar la calle y la pena transitada por paseantes que yo empezaba a reconocer como parte del paisaje de la ciudad. Debo haber establecido alguna forma de conexión con el espacio por el que me desplazaba. Al exhalar el humo yo afianzaba una experiencia musical y creativa. Caminar es una forma poética de libertad.

Fragmento de “Pasaje Santa Rosa”, del libro La forma del confín.

En el libro encontramos poemas como “Pueril”, donde vemos una mezcla de elementos intergalácticos y lugares icónicos de la ciudad, como el Mercado San Camilo, mientras el protagonista hace una introspección sobre el vínculo con su madre. Por otra parte, encontramos poemas como “Pasaje Santa Rosa” o “Mi vida no es ejemplar”, donde el autor hace reflexiones más personales sobre lo que es la poesía y la escritura para él.

El diálogo con esas escenas de su infancia y adolescencia es importante para su poesía. Por lo que en este texto, a diferencia de los anteriores, ha tratado de conectarse y dialogar con la infancia. Y para él, la infancia, es Arequipa fundamentalmente.

Me interesa más soñar la infancia o la ciudad. No tener una mirada descriptiva o testimonial, sino más bien tener una mirada desde el adulto que soy ahora, que sea capaz de soñar el mundo infantil y la ciudad. Creo que eso es más interesante.

Carlos Eduardo Quenaya

Un poeta de otro planeta

¿Es que hablo con un lector del futuro?

¿O escribo para comunicarme con alienígenas

Interesados

En las formas de vida que habitan el submundo?

Fragmento de “Mi vida no es ejemplar”, del libro La forma del confín.

Sobre La forma del confín, el catedrático, escritor y crítico literario Pedro Granados escribió que Quenaya “ha encontrado finalmente el tono exacto de su decir –ni Rabelais ni Rilke, solos, sino ambos simultáneos– y el punche que para esta jornada requerían sus palabras; en suma, todos y cada uno de sus aparejos de faena. Pero el viaje continúa”.

El poeta concuerda que en esta oportunidad se he atrevido a jugar con más niveles del lenguaje y tensiones en sus poemas. Ha combinado diferentes estilos, sin tratar de atribuirse al barroco, la lírica o la narrativa. Lo que verdaderamente le interesa es no repetirse. Este libro no repite su trabajo anterior, y espera que el próximo tampoco repita a este.

Ha aparecido un sentido que me interesa ahora cultivar que es el humor, la fantasía y el juego. Creo que en los textos anteriores era más solemne. Ahora hay una mezcla de narración con lirismo, un poco barroco por momentos y un lenguaje un poco más sucio o callejero por momentos.

Por otro lado, tras su primer poemario Granados señaló que “no escribe de antemano como peruano y ese es su primer gran acierto, un peruano de utilería –progresista o reaccionaria– nos referimos; y más bien lo hace como un ser de otro planeta que, sólo por principio de analogía, está próximo a nosotros”.

Quenaya siente que de algún modo esto se puede ver reflejado en La forma del confín. Donde trata de escribir “sin una etiqueta previa, sin una especie de corset o de molde que ya está prediseñado”. Más bien, le interesan aquellas palabras que “rompan el molde o lo predecible que puede también ser la literatura”.

Aquí la entrevista completa:

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