Elecciones en Perú: De Sabana a Huancho Lima

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La reciente celebración de elecciones de autoridades municipales en 169 centros poblados de 45 provincias, ha permitido chequear el sentir de la gente al finalizar un año que comenzó con la demanda del adelanto de elecciones generales. Claro que, dada la dispersión de los electores involucrados, es difícil señalar que marquen una tendencia de comportamiento, pero es mejor analizar estos resultados que los de una encuesta que hace las mismas preguntas generales de toda la vida y que nunca llega hasta esos peruanos y peruanas de los pueblos apartados (y olvidados).

Sin embargo, hay que precisar que de los 169 centros poblados (de menor rango administrativo que los distritos), había unos 50 que podrían entrar en la categoría de urbanos o suburbanos por su cercanía a una ciudad o por su densidad poblacional, como son los casos de los dos de la provincia de Trujillo, dos de Abancay, algunos de Jaén, Huánuco, Huaraz, Huancayo, Lambayeque y Virú.

Es la primera vez que convocan a tanta gente (138,000) en el campo, para que acuda a unas elecciones con voto voluntario. Elecciones, además, que no las organizó por la ONPE, sino las municipalidades provinciales. Y el resultado ha sido que el 51.7 % acudió a votar, sin que existiera una multa que amenazara a los ausentes.

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En el pasado la ONPE organizó elecciones con voto voluntario de los profesionales, cuando eligieron – por última vez en el 2005 – a sus representantes ante el fenecido Consejo Nacional de la Magistratura. Esa vez votó el 49% de los abogados y sólo el 45% del resto de profesionales. O sea, los que tuvieron el privilegio de la educación universitaria se interesan menos en asuntos públicos, que los que con las justas han completado su educación primaria.

Antes ha habido elecciones en el campo, como las Consultas de Revocatoria de alcaldes, pero esas son con voto obligatorio y multas a los ausentes, y en ellas se consiguieron que acuda el 68% del padrón. Mientras que en las Elecciones Regionales y Municipales en los distritos rurales, acudió, en promedio, el 81 % del padrón. Esta vez en 18 centros poblados, con voto voluntario, se alcanzó y superó el promedio de asistencia para las elecciones municipales.

Pero esa no es la única manera de medir el interés ciudadano. La otra, es que se presentaron 420 listas con 2,520 candidatos y candidatas interesados en comprarse el pleito de tramitar ante autoridades provinciales y regionales las benditas obras que mejoren algo la vida colectiva de sus vecinos: agua potable, desagüe, la contratación de un médico, una ambulancia, un ómnibus, luz eléctrica. Claro, algunos políticos estarán contentos que los campesinos se ocupen sólo de sus necesidades inmediatas en vez de exigir el adelanto de elecciones generales.

Además de ser transparentes, las elecciones fueron competitivas. Sólo hubo 26 centros poblados con sola una lista de candidatos, mientras que 69 tuvieron de tres a siete listas en competencia.

Fue una sorpresa para los entendidos que muchas de esas listas tuvieran auspicio de partidos y movimientos regionales. Así, 121 o el 29 % llevaron el logo de partidos y 52 (12%) de distintos movimientos regionales. Pero eso no significa que asumieran el “ideario” o la “doctrina” de la organización política (que ya sabemos, no las tienen) . Sino tan sólo que la “marca” (en tiempos de la globalización, el marketing también llega al mundo rural) les podía ayudar a ganar. De las 121, ganaron 53 con el logo partidario y 23 con el del movimiento regional.

Los expertos consultados afirman que la participación hubiera sido mayor si las municipalidades provinciales hubiesen asumido su responsabilidad con más ahínco. La mayoría no formó la comisión técnica electoral. Encargó todo el trabajo de organización a un empleado y a los miembros de los comités electorales -COEL- de los centros poblados, que literalmente estaban en ayunas en un asunto como éste. Y no hizo la difusión necesaria entre los pobladores. Pero, además, señalan que, si el RENIEC hubiera cumplido con la ley y proporcionado los padrones a las municipalidades, se habrían ahorrado muchos dolores de cabeza.

Valgan verdades, fue la tardía intervención de la ONPE (que desplazó personal a 133 locales de votación). Así ayudó a los COEL en sacar adelante la jornada electoral. Hay aún, decenas de municipalidades que hasta ahora no informan al Jurado Nacional de Elecciones si realizaron o no las elecciones en 1,400 centros poblados el primer domingo de noviembre del 2022.

Pero este artículo quería llamar la atención sobre los ciudadanos de Sabana, un centro poblado ubicado en el distrito de Llapa, provincia de San Miguel; Cajamarca, donde 309 de los 310 inscritos en el padrón acudieron a votar para elegir al alcalde y un concejo municipal entre dos candidatos auspiciados por Acción Popular y por Somos Perú. Un verdadero récord mundial. Sin que la municipalidad enviara a un funcionario o que los miembros de mesa recibieran refrigerio el día de la jornada. Una verdadera demostración de madurez ciudadana.

Otra vertiente de madurez ciudadana se manifiesta por estas semanas en el centro poblado de Huancho Lima, provincia de Huancané, Puno. Y aunque para algunos, el hecho de que sólo el 29% de los electores acudiera a votar por la única lista presentada, pueda significar apatía cívica. Lo cierto es que la municipalidad de Huancané recibió una lista de voluntarios para conformar el Comité Electoral, la que desestimaron. Y mostraron una vez más que el Estado normalmente está de espaldas a las iniciativas de la sociedad.

En realidad, los pobladores de Huancho Lima tienen una conciencia ciudadana envidiable, fruto de su conciencia histórica. Hasta los niños conocen que, el 3 de agosto de 1923, su pueblo se declaró capital de la República Tahuantinsuyana del Perú (añadiendo a su nombre: “Lima”). Con igualdad para todos y escuelas bilingües, lo que encendió la furia de los gamonales. Con la acusación de ser un proyecto separatista, lograron que el gobierno de Leguía enviara tropas que masacraron al pueblo el 16 de diciembre. Este acontecimiento se recordado dos semanas después de las elecciones, en ceremonia cívica en su plaza central. Allí acudió el presidente de la “Asociación de Mártires y Víctimas del 9 de enero de Juliaca”.

En conclusión, como se ha repetido en esta columna muchas veces, las elecciones periódicas, de por sí, no crean un sistema político democrático. Es más bien el fruto de la acción permanente de ciudadanos que se informan y son conscientes de sus derechos y cumplidores de sus deberes. Que hacen valer su opinión en calles y urnas (no sólo en mercados y encuestas) para respaldar o revocar el mandato de las autoridades. Las elecciones siempre son una oportunidad para evaluar ese comportamiento, debatir alternativas, disentir y decidir, evitando la violencia. Si las elecciones se convierten en escuela cívica o sólo en una fiesta marketera depende de las organizaciones políticas y de los candidatos. Pero también de periodistas y de los funcionarios públicos encargados de organizarlas.

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