La relatividad moral: Un problema colonial

Columnista invitado

Perú corrompido

En el Perú de hoy se vive un auténtico relativismo moral, una sociedad en la que todo vale y ya nada sorprende. Todos los días aparecen nuevos casos de corrupción en infinita sucesión. Se castiga uno y aparecen diez más.
Cuando alguno de nuestros gobernantes o ex gobernantes es acusado de malos manejos (quienes se supone deberían dar el ejemplo), la primera frase que se escucha de sus labios es “quien me acusa no tiene la autoridad moral para acusar”. El mensaje que puede leerse entre líneas es: “aquí nadie puede acusar a nadie porque todos somos corruptos, mantengámoslo así”. Es como si se hubiesen puesto de acuerdo para recordarnos la popularidad de las conjugaciones del verbo robar: “yo robo, tu robas, ellos roban, ¡todos robamos!”.
Desde siempre usamos mucho la frase que dice “los peruanos olvidamos pronto” los delitos que cometen gobernantes y partidos corruptos, y por eso los volvemos a elegir. En 2014 Waldo Ríos ganó las elecciones para gobernador de Ancash con 65% de los votos, a pesar de haber sido recientemente condenado a cuatro años de prisión suspendida por delitos de corrupción. La figura se repite en muchísimas partes del país, lo que demuestra que no es que tengamos poca memoria, sino que somos increíblemente tolerantes a la corrupción.
Según reciente encuesta de IPSOS, el 78% de peruanos acepta vivir con el flagelo de la corrupción. Al aceptar la corrupción en nuestra forma de vida, la implicación directa es que los peruanos no sentimos aprecio por valores como la honestidad, la justicia, el trabajo honesto o la verdad. Ya no queda duda de que lo que aquí tenemos es un gran problema cultural. Y sectores interesados en promover ética y valores se preguntan ¿Por qué? ¿En qué estamos fallando? ¿Por qué somos tan tolerantes a la corrupción? Es el gran enigma a resolver. Para responder estas preguntas hace falta revisar nuestra historia.
Sociedad Feudal vs Sociedad Democrática
La sociedad en la colonia fue diseñada para servir como fuente inagotable de recursos naturales y humanos, no para buscar el bienestar general de su población. Los poderes coloniales forzaron una dinámica en la que la discriminación y el abuso fueron usados para favorecer a unos pocos y excluir a la gran mayoría de participar del control y la distribución de la riqueza de sus comunidades.
Para hacer del Perú una nación libre y democrática había que satisfacer dos condiciones: expulsar al opresor y efectuar una profunda reforma político social. La guerra de independencia se ocupó de satisfacer la primera condición y tuvo lugar una reforma política, pero la reforma social no se produjo. La reforma social significaría pasar de una sociedad diseñada para favorecer regímenes opresores a una sociedad de libertad en democracia para favorecer a la gran mayoría de la población. La reforma social tenía que incluir la necesaria transformación cultural. Al no tener lugar la reforma social, la transformación cultural no se produjo, es más, jamás tuvo una chance real de siquiera nacer.
La guerra de independencia no fue una revolución de las masas y las masas tuvieron participación nula en la elaboración de la estructura de la nueva república. En la práctica, el inicio de la república significó, para la gran mayoría de peruanos, no la libertad, sino más bien poco más que un cambio de amos. La guerra de independencia fue liderada por los aristócratas locales de la época, que luego de la de la expulsión de las tropas realistas se repartieron el país a la usanza de los conquistadores. La independencia política sin reforma social se convirtió en una manera de continuar la dominación de la élite local. Para favorecer sus propios intereses (sobre los intereses de la nueva nación), los nuevos líderes políticos deliberadamente extendieron en la república la cultura social feudal heredada de la colonia, esto es, intencionalmente dejaron viva y latente la cultura social “amo-esclavo”. Y desde entonces la cultura social feudal ha vivido siempre con nosotros.
A continuación una versión súper ultra acelerada del curso “Sociedad Feudal vs Sociedad Democrática 101”. Para aprobar el curso solo es requerida la asistencia:
En una sociedad feudal gobierna quien es el dueño de todo (amo o rey), y el segundo en la cadena de mando es su cónyuge (ama o reina). En una sociedad democrática gobierna quien ha recibido la confianza de su pueblo (vía elecciones) y el cónyuge (u otro familiar) está impedido de participar en la cadena de mando, pues el pueblo no le ha confiado explícitamente ningún poder.
En una sociedad feudal el dueño de los bienes de la comunidad (o país) es quien gobierna. El sentido del bien común no existe. En una sociedad democrática los dueños de los bienes de la comunidad son los habitantes (incluidas las riquezas del subsuelo). Se ha desarrollado fuertemente el sentido del bien común.
En una sociedad democrática, los habitantes están al tanto de las acciones de sus gobernantes y los gobernantes se someten al escrutinio de la gente (transparencia). En una sociedad feudal, quienes gobiernan (amos) no necesitan rendir cuentas a nadie, pues ellos son los dueños.
En una sociedad feudal, las leyes y proyectos los elabora quien gobierna sin consultar a nadie y luego impone sus decisiones. De ser necesario, utiliza las fuerzas que el estado dispone tales fines (policía, ejército). En una sociedad democrática la población participa y decide en la elaboración de las leyes y proyectos que le incumban. Quien gobierna acata las decisiones de la gente.
En una sociedad democrática se desprecia a quien le roba al pueblo porque las cosas del pueblo son de todos. En una sociedad feudal al pueblo no la importa que se la robe al pueblo, pues las cosas del pueblo son de quien gobierna, no del pueblo.
En una sociedad feudal los funcionarios son representantes de quien gobierna, quien es dueño de todo, y por ello la gente debe obedecerles. Los funcionarios (jueces, otros) le deben lealtad a quien gobierna y la deslealtad de algún funcionario suele ser castigada con la destitución inmediata. En una sociedad democrática los funcionarios le son leales al pueblo, se deben al pueblo, le sirven a la gente y no al quien gobierna.
En una sociedad democrática la ley está hecha para todos, hasta para quien gobierna (amo). En una sociedad feudal la ley se aplica solo a los súbditos o pueblo, no a quien gobierna, después de todo quien gobierna hace las leyes y puede cambiarlas a su antojo.
En una sociedad feudal quien gobierna se rodea de convenencieros en una relación simbiótica: quien gobierna obtiene el beneficio de ser defendido a capa y espada y, a cambio, quien gobierna, como dueño de todo, otorga a los convenencieros beneficios y favores que los demás miembros de la comunidad no poseen. En una sociedad democrática, quien gobierna, al no ser dueño de todo, está impedido de otorgar beneficios especiales a nadie.
En una sociedad democrática se espera que quien gobierna enfrente pronta, frontal y personalmente los problemas más complicados que puedan afectar al pueblo, pues para ello el pueblo le ha investido con el más alto de los poderes. En una sociedad feudal, quien gobierna, que es dueño de todo, no tiene por qué exponerse en grandes problemas, suele preferir enviar emisarios, tomarse su tiempo o diferir las soluciones.
En una sociedad feudal el orden y la obediencia son mantenidos a punta de látigo, pues los amos someten a sus siervos mediante el uso de la fuerza. Los siervos, a fuerza de costumbre, han aprendido a obedecer solo en el lenguaje del látigo. En una sociedad democrática la gente se controla a sí misma, pues son capaces de entender que es lo mejor para todos.
En una sociedad democrática el pueblo tiene interés por estar al tanto de los acontecimientos que atañen a la comunidad, pues necesita estar bien informado para tomar la mejor decisión a la hora escoger el curso a seguir. En una sociedad feudal, el pueblo no le interesa estar informado de nada, pues al fin y al cabo quien gobierna, que es el dueño de todo, tomará las decisiones sin siquiera consultar al pueblo.
En una sociedad democrática la gente tiene predisposición para acatar las leyes, pues sabe que estas han sido hechas por el pueblo para el beneficio del pueblo. En una sociedad feudal, la gente no tiene predisposición para acatar las leyes, pues sabe que estas han sido hechas por quien gobierna para beneficiar a quien gobierna, no al pueblo.
En una sociedad democrática la gente aprecia el trabajo comunal voluntario porque saben que se está trabajando en beneficio de la comunidad. En una sociedad feudal la gente no hace servicio voluntario porque los bienes de la comunidad le pertenecen a quien gobierna, no a la comunidad.
Una sociedad democrática prioriza el inculcar valores sociales (democráticos) en su gente, pues se entiende que ello constituye la mejor garantía para el éxito y la continuidad del sistema. Una sociedad feudal deliberadamente omite la formación de valores sociales en la gente, pues esto supone la peor de las amenazas para la propia existencia del sistema. Las escuelas instruyen a la gente en las ciencias para tener siervos útiles, pero no se forma en la gente los valores sociales.
Fin de curso, Ud ha aprobado. Congratulaciones. Ahora responda ¿Qué tipo de cultura social somos? ¿Se ha producido la necesaria transformación de cultura social feudal a cultura social democrática? ¿Puede esta explicación aspirar a resolver el enigma? ¿No siente Ud que somos un país con graves problemas de funcionalidad porque tenemos un sistema político democrático operando sobre una cultura social amo-esclavo?
Oportunidades perdidas

Hay muchos peruanos que son de la opinión que la corrupción es un problema serio desde hace treinta años y anhelan volver a los niveles “normales” de esos años. Pero la historia prueba que la alta corrupción en el Perú ha sido moneda corriente desde antes de la independencia. La corrupción siempre ha sido alta o muy alta (“Historia de la corrupción en el Perú”. Alfonso Quiroz, 2013), la diferencia es que ahora hace rato los niveles se han salido de los cuadros. A continuación algunas pastillitas para refrescarnos la memoria.
Hace doscientos años, en 1815, en su Carta de Jamaica, Simón Bolívar (un aristócrata), expresaba opiniones de la situación de las sociedades de América hispana: “En tanto que nuestros compatriotas no adquieran los talentos y virtudes políticas que distinguen a nuestros hermanos del norte [refiriéndose a los Estados Unidos, que recién se habían formado], los sistemas enteramente populares, lejos de sernos favorables, temo mucho que vengan a ser nuestra ruina… Estamos dominados de los vicios que se contraen bajo la dirección de una nación como la española, que sólo ha sobresalido en fiereza, ambición, venganza y envidia…”.
Bolívar fue fundamental en la conquista de nuestra independencia, pero luego él mismo fue “victima” de los vicios que tanto había criticado en los españoles. Consolidada la independencia y utilizando el poderío de sus tropas que mantenía el en el Perú, el libertador se hizo él mismo el nuevo amo. El libertador pretendió erigirse Presidente Vitalicio [de por vida] de todos países que había liberado.
“Una característica de los dictadores es rodearse de aduladores interesados solamente en el bienestar propio, eliminar a los que se oponen a sus deseos. Bolívar mantuvo esta norma durante toda su estancia en el Perú. Sus colaboradores no se atrevieron a oponerse a sus órdenes, prefirieron callar a pesar de que algunas veces sabían que sus decisiones eran equivocadas. Los opositores, como es de suponer, sufrieron la mordaza, el destierro, y hasta la muerte”. (“Bolívar, libertador y enemigo Nº 1 del Perú”, Herbert Morote. 2007).
Así, con el inicio de nuestra república se perdió la primera gran oportunidad para realizar la necesaria transformación cultural. Y de allí en adelante, cada nuevo gobierno ha ignorado el tema de la manera como lo hicieron los fundadores de la república. Esa maldita herencia colonial ha sido dejada a su libre albedrío en cada gobierno por ignorancia de su existencia o por el beneficio implícito que esta otorga a quienes en turno ocupan el poder. En lugar de denunciar y tratar de atacar la cultura social feudal, cada gobierno la alimenta con sus propios actos, provocando más bien su renovación fortalecida y asegurando así la prolongación de su existencia.
Muy enfermo y poco antes de morir, en 1830 a los 47 años, Bolívar premonitoriamente escribiría: “… yo he mandado 20 años y de ellos no he sacado más que pocos resultados ciertos: 1. La América es ingobernable [refiriéndose a américa hispana]. 2. Los que han servido a la revolución han arado en el mar. 3. La única cosa que se puede hacer en América es emigrar. 4. Estos países caerán infaliblemente en manos de la multitud desenfrenada para después pasar a las de tiranuelos imperceptibles, de todos colores y razas. 5. Devorados por todos los crímenes y extinguidos por la ferocidad, los europeos no se dignarán conquistarnos…” (carta de Bolívar al general Juan José Flores, 9 de noviembre 1830)
Con la llegada de los 1900s, en buena parte gracias a la pluma, patriotismo y coraje de Manuel Gonzales Prada (MGP), la percepción que los peruanos tenían del país cambió. Sus podredumbres morales quedaron al descubierto:
“En el Perú de hoy, no existe honradez privada ni publica: todo se viola y pisotea cínicamente, desde la palabra de honor hasta el documento suscrito. La vida política se funda en fraude, concusión y mentira”, MGP, 1888
“¿Qué fueron por lo general nuestros partidos en los últimos años? Sindicatos de ambiciones malsanas, clubs eleccionarios o sociedades mercantiles. ¿Qué de nuestros caudillos? Agentes de las grandes sociedades financieras, paisanos astutos que hicieron de la política una faena lucrativa o soldados impulsivos que vieron en la presidencia de la republica el ultimo grado de la carrera militar”. MGP, 1898
“Preguntemos a las gentes sencillas y bien intencionadas, a los agricultores o industriales, a los ciudadanos que no mantienen vinculaciones con el gobierno ni medran a expensas del erario público [medrar: mejorar una persona en su posición social y económica]: todos nos responderán que llevan un disgusto en el corazón y las náuseas en la boca, que se asfixian en atmosfera de hospital, que anhelan una ráfaga de aire puro y desinfectado, que piden cosas nuevas y hombres nuevos” MGP, 1898
“En resumen, hoy el Perú es un organismo enfermo: donde se aplica el dedo brota pus”, MGP, 1888
Ahora no hace falta poner el dedo, ahora la pus brota sola. Por supuesto que en todos los países hay corrupción y siempre la habrá, la diferencia está en el orden de magnitud.
Los peruanos estamos finalmente entendido que ser un país desarrollado no es solamente tener más plata, tener más carros, tener más “malls” o más McDonalds. Si los niveles de violencia y corrupción se mantienen tan altos o empeoran, si ser un empresario o profesional exitoso nos convierte automáticamente a nosotros o a nuestros familiares en una fácil fuente de ingresos para asesinos y extorsionadores, si para dormir tranquilos debemos vivir en casas y vecindarios que asemejan más bien fortalezas o prisiones inexpugnables, si al caminar por las calles a plena luz del día tenemos que desconfiar de todos, si esperamos que en nuestros colegios una granada no estalle porque no se pagó un cupo, entonces, esto no es ni desarrollo ni libertad.
Finalmente la mayoría de la población ha tomado plena conciencia de la gravedad de los problemas de violencia y corrupción y los considera entre los más prioritarios. Ahora hemos reconocido el problema. También tenemos una buena idea de la dimensión de la corrupción: Es una bestia descomunal de mil vidas y diez mil cabezas que se está devorando al Perú. Se ha metido en todas partes y en todo nivel. Sus “victimas” son políticos, empresarios, dirigentes agrícolas, policías, jueces, periodistas, y tantos otros.
Cada nuevo ciclo electoral, con nueva gente aspirando a cargos de gobierno, con elevada cobertura mediática, con aspirantes ofreciéndonos el oro, el moro, o plata como cancha, representa una buena oportunidad para la presentación y evaluación de nuevas ideas y paradigmas.
Cuando por la presente coyuntura las personas se miran unos a otros en incredulidad, sin saber entender cómo llegamos hasta aquí, cuando todos buscan una salida y nadie la encuentra, como si en medio de la tormenta el barco estuviese haciendo agua por todos lados y las ideas se agotan, cuando nada parece funcionar, cuando la población cansada de tantos intentos fallidos está dispuesta a intentar casi cualquier cosa porque sabe que el barco pronto se habrá hundido, cuando los principales candidatos no han sido capaces de presentar propuestas creíbles para acabar con la corrupción y la violencia, ahora es cuando.
La presente época de elecciones presenta una nueva oportunidad para dar inicio a la transformación cultural que nunca llevamos a cabo. Las condiciones están dadas para traer a la mesa del debate político la necesidad del su implementación. Propiciemos una discusión alturada y patriota que conduzca a la toma de conciencia en la población sobre su necesidad y posteriormente discutiremos los procedimientos sobre cómo implementarla. A la cuchocientos-ava va la vencida.
REFERENCIAS:
1.- Bolívar, libertador y enemigo Nº 1 del Perú. Herbert Morote, 2007.
http://www.herbertmorote.com/Libros/Cuarta%20Edicion%20Bolivar%20Libertador.pdf
2.- Horas de Lucha, Páginas Libres. Manuel Gonzales Prada, 1885-1918
http://www.biblioteca.org.ar/libros/211590.pdf
3.- Carta de Jamaica. Simón Bolívar, 1815
http://www.cpihts.com/PDF/Simon%20Bolivar.pdf

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