Elecciones 2022: La descentralización debe ser un tema prioritario en los debates de candidatos

IEP señala la necesidad de una reforma en el proceso descentralista que actualmente mantiene todo centralizado en Lima

Análisis
El interés por el proceso de descentralización ha ido decayendo en el país por lo que urge que sea tratado al menos por los futuros gobernadores. Infografía: IEP

El Instituto de Estudios Peruanos (IEP) ha abierto un debate sobre la descentralización y la necesidad de su reforma, aprovechando que los peruanos están por participar del proceso de elecciones regionales y municipales el próximo 2 de octubre. El tema se está tratando en el debate electoral, consultando a los candidatos sobre su visión.

Los contenidos han estado a cargo de un equipo de investigadores del IEP formado por María Isabel Remy como coordinadora, Ricardo Cuenca, Romeo Grompone, Rodrigo Gil y Diego Sánchez.

¿Qué hay que considerar sobre el proceso de descentralización según el IEP?

Para ponerlo en consideración de todos, los investigadores del IEP han reunido una serie de textos elaborados por el propio instituto; y han recogido aportes de otros especialistas con los que han preparado cuatro temas considerados de importancia para reflexionar y abrir discusiones.

Cuestionar el diseño de la actual descentralización y su resultado; discutir sobre la democracia descentralista; ver la serie de problemas en torno a la gestión presupuestal descentralizada y también cuestionar las competencias de los niveles de gobierno. Para cada tema, han elaborado productos comunicacionales diferentes: un documento breve, un video y una infografía.

Ponen como premisa el fracaso de la única gran reforma institucional del Estado en el Perú del siglo XXI, porque los objetivos para este proceso de descentralización nunca estuvieron muy claros y eran, más bien, una lista de buenas intenciones antes que objetivos orientadores. Y porque, además, los actores tenían una agenda o expectativas distintas del proceso.

“Pudo haberse retomado lo avanzado en el proceso descentralizador de 1980 y corregir sus deficiencias; pero se decidió escribir como sobre una hoja en blanco, sin historia, sin diferencias. A esta situación se le superpuso un proceso de implementación sumamente improvisado y mal planificado. Lleno de desaciertos políticos. Y donde las premisas del gobierno tenían poco que ver con los desordenados objetivos que tenían en mente las organizaciones y políticos que trajeron el tema a la agenda”.

El interés por la descentralización ha ido decayendo

Así, los especialistas del IEP precisan que el interés por la descentralización ha ido decayendo, con un horizonte mucho más reducido que el proceso anterior y “solo se evoca a la hora de seguir la ejecución de presupuestos o dar cuenta de un proceso judicial de corrupción”.

Además, precisan que el Perú tiene hoy 1,915 órganos de gobierno descentralizado con competencias para realizar obras de casi todos los sectores. Pero no están obligados a coordinar, a planificar o a establecer prioridades.

“Los planes de desarrollo concertados no son instrumentos de planificación real. Y los estudios de ordenamiento territorial, muy complejo, que hubieran servido para realizar planes de acondicionamiento territorial que marcaran órdenes de prioridades en las inversiones, de pronto, en 2014, fueron paralizados por el gobierno central”, señalan en sus conclusiones.

Finalmente hacen ver que el desorden que campea en la descentralización termina siendo funcional a muchos intereses. Los de empresas constructoras y sus proveedores, los de personas de bajos ingresos que reciben salarios por trabajar en obras “no importa cuál o para qué”. O los que prefieren que el aprovechamiento de recursos naturales esté menos normado.

Bajo ese panorama refieren que es difícil imaginar cuál sería un bloque descentralista que colabore con un debate que redefina el proceso.

Infografía del Instituto de Estudios Peruanos.

¿Es el diseño realmente descentralista?

Fue el gobierno de Alejandro Toledo el que ofreció devolver a las regiones el poder que habían perdido y prometió desarrollar la institucionalidad de la descentralización; así también convocar a elecciones regionales en su primer año, por lo que se aceleró su proceso de diseño y montaje -que es el actual- y se convocó elecciones antes de tener una ley orgánica de gobiernos regionales.

Si bien en 16 departamentos se diseñaron propuestas para integrarse en 5 regiones, todos los referéndums para ratificarlas fracasaron. Y no había “Plan B”. Por eso, hoy tenemos 25 Gobiernos Regionales, uno por departamento más el de la Provincia del Callao, algunos de ellos muy pequeños en población, producción o recursos naturales”.

Las transferencias de competencias se realizaron en las regiones integradas, no en base a las funciones que cumplirían, sino a la oferta y demanda. Así, los ministerios (fueron los más reacios a la descentralización porque suponía un riesgo para sus propios puestos) elaborarían una oferta de competencias y los Gobiernos Regionales departamentales elaborarían en base a ello sus demandas y se evaluarían sus capacidades para ejercerlas.

Objetivos de la Ley de Bases de la Descentralización no se cumplen

“El sistema fue, por supuesto, un fracaso” y el 2006 Alan García entregó todas las competencias a todas las regiones, pero no de manera exclusiva sino “compartida”, de modo que todos los niveles de gobierno pueden intervenir en prácticamente todos los sectores. El principio es que los órganos de gobierno descentralizado solo requieren hacer obras, no diseñar políticas ni servicios. Sólo obras.

Estas premisas no tenían que ver con los objetivos explícitos en la Ley de Bases de la Descentralización. El proceso debía propiciar el “desarrollo integral, armónico y sostenible del país, mediante la separación de competencias y funciones”. Permitir la “unidad y eficiencia del Estado, mediante la distribución ordenada de las competencias públicas”. Facilitar el “desarrollo económico, autosostenido y de la competitividad de las diferentes regiones y localidades del país, en base a su vocación y especialización productiva”.

Además, asignar competencias que eviten la innecesaria duplicidad de funciones y recursos, y la elusión de responsabilidades en la prestación de los servicios. Permitir la “representación política y de intermediación hacia los órganos de gobierno nacional, regional y local, constituidos por elección democrática, entre otros. Es evidente que no se tomaron las mejores opciones.

Por eso, hoy en día, cada municipalidad y cada gobierno regional puede construir sus estrategias de micro política utilizando los recursos públicos y favorecer con obras a las zonas que lo eligieron.

“Todo se descentralizó, pero todo sigue centralizado”

En tanto, según una encuesta del IEP en 2002, la población tenía una alta valoración de la descentralización, como opción para adaptar políticas y presupuestos para potenciar los recursos naturales, las riquezas de sus regiones, frente a un centralismo (a Lima) que no pone en relieve las diferencias. Y 7 de cada 10 entrevistados, se consideraba descentralista.

Con menos adhesión en ámbitos rurales donde se temía el desarrollo de un “centralismo interno”. Como ocurre efectivamente, ya que los gobiernos descentralizados las más de las veces priorizan las capitales (regionales, provinciales o distritales) en detrimento de los requerimientos de poblaciones rurales.

Pasado el entusiasmo inicial en las regiones, las organizaciones de la sociedad civil que impulsaron el debate sobre el proceso perdieron peso. Y en 2007 el presidente Alan García elimina la instancia de alto nivel, el Consejo Nacional de Descentralización, que debía encaminar y coordinar el proceso. También, los actores políticos regionales se fueron deteriorando y quedaron presas de un diseño orientado exclusivamente a hacer obras.

Así, sectores como el de Educación, en las regiones solo son una caja desconcentrada para pagar salarios de maestros y mantenimiento de escuelas; los nuevos programas (Qali Warma, Haku Wiñay, Agrorural, Fondo Sierra Azul, entre otros) se crearon centralizados y todos los ministerios tienen oficinas desconcentradas, duplicando la acción de los gobiernos regionales. Al final, todo se descentralizó con el shock de competencias, pero todo sigue centralizado.

Síguenos también en nuestras redes sociales: 

Búscanos en FacebookTwitterInstagram y YouTube

Suscríbete a La Portada, el boletín diario de noticias de El Búho. ¡Es gratis!

* campos requeridos

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

SUSCRÍBETE A NUESTRO NEWSLETTER

SUSCRIBIRSE