Los peligros de la estupidez

Trocha urbana Paola Donaire Cisneros

En 1988, el historiador y filósofo italiano Carlos M. Cipolla, publicó su célebre ensayo titulado “Las leyes fundamentales de la estupidez humana”. Allí, la quinta y última ley sostiene que “la persona estúpida es el tipo de persona más peligrosa que existe”. El autor define a la persona estúpida como aquella que causa “un daño a otra persona o grupo de personas sin obtener, al mismo tiempo, un provecho para sí, incluso obteniendo un perjuicio”. Entonces, la sociedad queda a merced de un grupo de personas, dice Cipolla, que actúa guiado “por una mano invisible que impide la felicidad humana”.

Albert Camus, en su obra «La peste», considera que luchar contra la estupidez es una causa perdida, porque la estupidez nunca se da por vencida. El primer obstáculo es que el estúpido solo tiene en cuenta su punto de vista, como explica el filósofo Johann Erdmann, en 1866, en su definición de la «forma nuclear de la estupidez». Es decir que el estúpido se convierte en su peor consejero.

Coincidentemente con la obra de Camus, nos encontramos en época de peste. El encierro, las carencias económicas y la constante amenaza de un enemigo viral e inmanejable están poniendo a prueba la sensatez humana. Si no tenemos cuidado podemos sucumbir ante la estupidez antes de que nos derribe el hambre o la enfermedad.

Un efecto de la estupidez es que quien la padece no se da cuenta. Ante ello, podemos seguir la estrategia que planteaba el escritor Giovanni Papini para acabar con la estupidez, que consistía en preguntarse frecuentemente: ¿Y si estuviese equivocado?

El Búho, síguenos también en nuestras redes sociales: 

Búscanos en FacebookTwitterInstagram y YouTube

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

SUSCRÍBETE A NUESTRO NEWSLETTER

SUSCRIBIRSE