Martín Vizcarra: ¿incapacidad moral?

"La ´incapacidad moral´ es una figura jurídica, no tiene que ver con la moral judeo cristiana (o cualquier otra) sino con el derecho"

Sobre el volcán

De tan profunda, la crisis ético política peruana se ha vuelto pura y simplemente una crisis de materia gris. Solo una supina estupidez puede tomar al pie de la letra el predicado “moral”, de la expresión que aparece en el título de esta nota. La “incapacidad moral” es una figura jurídica, no tiene que ver con la moral judeo cristiana (o cualquier otra moral) sino con el derecho. El término, la palabra, el vocablo “moral” se mantiene por costumbre desde la época en que la diferencia entre derecho y moral no era muy nítida, como cuando se confundía “delito” con “pecado” antes que el genio ilustrado de Cesare Beccaría hiciera la distinción en el siglo XVIII. Como señalaba el maestro Mario Alzamora Valdez, la moral pertenece al fuero íntimo de cada quien y allí “ningún poder extraño puede entrometerse”.

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Así también hasta hoy se mantiene la palabra “moral” dentro del derecho en la expresión “daño moral”, que tampoco tiene que ver con la moral, es decir, con el Bien y el Mal de la religión. Que es el sentido que le da la mayoría en países como el nuestro y es también el sentido que le ha dado la ígnara mayoría parlamentaria; exactamente igual que en el caso PPK. “Daño moral” en sentido jurídico es el sufrimiento o angustia que puede causar, por ejemplo, un grave accidente de tráfico donde alguien pierde una pierna; razón por la cual tiene que ser indemnizado no solo por la grave pérdida física que se alude sino por la durísima experiencia sicológica que ese daño implica; ya se trate del más recalcitrante ateo o de Teresa de Calcuta.

Según el Diccionario Enciclopédico (jurídico) de Guillermo Cabanellas, la “incapacidad moral” en derecho se refiere a “la demencia o imbecilidad, la sordomudez, la prodigalidad, la interdicción civil y la minoría de edad” que “no son más que restricciones a la personalidad jurídica”; es decir, situaciones o estados de carácter sicológico. Luego, un menor de edad no puede ser un inmoral, o un amoral, o un inmoralista por el hecho de ser menor de edad, como lo puede entender cualquier peruano que tenga primaria completa; sino un “incapaz moral” única y exclusivamente por la edad. Y el presidente Vizcarra no está incurso en ninguna de esas causales de “incapacidad moral”.

En consecuencia, si ha cometido delitos se le debe juzgar por esos delitos, por supuesto, pero no por “incapacidad moral”. Y mientras no se le prueben esos delitos y no se le condene judicialmente se le debe considerar inocente; si creemos que la Constitución no es un adorno y nada más. Y puede y debió seguir en su cargo.
Pero estamos en el Perú y con este congreso que, una vez más, nos ha devuelto a la normalidad, hasta Héctor Becerril se hace extrañar. Y es que en comparación con sus actuales colegas el inolvidable y esperpéntico “guasón” parece un tribuno de la gloriosa república romana.

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