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King Crimson: Legado y vigencia de “Red”

"Los cinco surcos del disco hablan de ese pavor visceral y atemporal que nos ha sacudido el alma siempre. En los cinco surcos, Ian McDonald, el invitado de lujo para la ocasión, escribe sus tenebrosos jeroglifos"

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Ahora Robert Fripp es un hombre mayor y youtuber un poco a la fuerza gracias a la pujanza y alegría de su esposa, la presentadora y “artista pop”, Toyah Willcox. A mí me parece un poco lamentable el espectáculo que ofrecen, pero, bueno, quién sabe, quizá así el hombre haya alcanzado esa iluminación que persiguió en los primeros años de King Crimson, cuando se abocó con pasión al estudio de Gurdjieff y del Cuarto Camino.

Lo que sí no puede reprochársele a Fripp es que en todas las encarnaciones que King Crimson asumió, no sólo impuso un sello de originalidad y calidad, sino que hizo brillar a quienes lo acompañaron. En el caso de Red, ese disco apabullantemente enérgico, John Wetton y Bill Bruford brillan con luz propia y aportan al disco el sonido oscuro y pesado que es la razón de ser de Red.

Resulta curioso que, en aquellos años, mientras otras bandas emblemáticas del prog, como Jethro Tull o Pink Floyd, maravillaban al mundo con los ganchos más usuales del género, Fripp se adentraba en un mundo tenebroso y germinal, se encaminaba hacia la noche de los tiempos cuando todo era una amenaza y sólo se respiraba el miedo. Los cinco surcos del disco hablan de ese pavor visceral y atemporal que nos ha sacudido el alma siempre. En los cinco surcos, Ian McDonald, el invitado de lujo para la ocasión, escribe sus tenebrosos jeroglifos.

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Todo el proceso para que surja Red nace con “Starless and Bible Black” y con la gira promocional un año antes. En aquellas presentaciones empiezan los ensayos, por primera vez con esas estructuras pesadas y violentas que generan inquietud en el espectador. El prog, que desde siempre había sido muy racional y lúcido, ahora se alejaba de ese reino para tentar caminos intuitivos y emocionales. Ahora había espacio para la disonancia y para un clímax de pura adrenalina. De todos modos, aquel año, 1974, parece que el prog había llegado a su culminación. Yes se lanzaba por intrincados caminos conceptuales, cada vez más laboriosos, tediosos y pomposos. Genesis convertía el género en una puesta en escena teatral… El Rey Carmesí tenía que, como una estocada de gracia, poner el punto final y cerrar el ciclo con una obra oscura. Una obra oscura que, sin embargo, tiene el suficiente músculo para desenmascarar los clichés en los que había caído el género. Con Red se cierra una grandiosa etapa de King Crimson. Volverían en la década siguiente para expresar el nuevo sentir de los tiempos con “Discipline”, pero, claro, ésa es ya otra historia.

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