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Arequipa

Historias de Arequipa | Cerquita tuvimos queñuales y aretales, de a pocos los consumimos

"Hasta la Primera Guerra Mundial, antes que se creara la Compañía de Bomberos de Arequipa, los incendios fueron combatidos por la acción de damnificados y la participación de los vecinos"

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¡QUÉ MALES! MERECEMOS –Y SIN BOMBEROS- LOS FUEGOS INFERNALES EN AREQUIPA

A la esforzada y desinteresada labor social de los bomberos arequipeños de toda nuestra historia y de las distintas compañías que funcionan en nuestra ciudad, especialmente al bombero José (“Pepito”) Alfonso Díaz Huerta, quien hace más de tres décadas y media cuida a la ciudad en forma altruista desde su puesto de bombero y desde hace tres generaciones nos cuida a los arequipeños desde su estupenda picanteríaLa Capitana.

Hasta la Primera Guerra Mundial, antes que se creara la Compañía de Bomberos de Arequipa, los incendios fueron combatidos por la acción de damnificados y la participación de los vecinos. Ellos acudían con baldes y otros depósitos, y surtiéndolos del agua que circulaba por las acequias que recorrían las calles, trataban de apagar el fuego.

Para que se tenga una idea concreta les referiré que el 11 de agosto de 1912 ocurrió un incendio en la Cervecería Alemana, que años después se convertiría en la Compañía Cervecera del Sur, hoy Cervecería Backus. Empezó a la una y media de la tarde en el depósito de yareta de la Cervecería Alemana. La yareta es una de las plantas que crece a más altura sobre el nivel del mar y, por ello, tarda muchos años en crecer. Tiene una resina especial que la convierte en un combustible apreciadísimo porque dura mucho, da mucho calor y puede quedar latente por algún tiempo hasta que se le sopla y aviva su fuego.

Las puertas del depósito de la cervecería se encontraban cerradas por ser domingo, lo que impidió se tuviera pronto indicios del fuego. Por esta situación demoró mucho el que se empiece a combatirlo. Cuando la policía llegó, encabezada por el coronel Broussen, el mayor Butrón y varios oficiales, tuvieron que treparse por las paredes del depósito ayudados por el empleado cervecero Juan Campos. Dantesco fue el espectáculo que encontraron: ardían todas las rumas de yareta en panes o conchas del enorme canchón. Las llamas amenazaban con pasar a los depósitos de cerveza y a los talleres con la maquinaria.

Para combatir el incendio, vecinos y algunos varones que pasaban por el lugar hicieron primero una cadena humana. Acarreaban agua con baldes, jarras y cuanto depósito aparente pudieron conseguir. Pusieron en acción una bomba que enviaron de la casa Emmel Hermanos (los Emmel eran alemanes viviendo en Arequipa, como los dueños de la cervecería). Después, a punta de lampas y picos tuvieron que desviar la acequia regadora que, felizmente, pasaba a unos ciento cincuenta metros del depósito. La idea era que inunde el depósito en llamas.

Las decenas de curiosos que presenciaron la acción pudieron reconocer que también habían concurrido al lugar el Prefecto del Departamento y el Subprefecto del Cercado. No se produjeron desgracias personales y la cervecería estimó que se habían quemado unos ocho mil soles de yareta (ocho mil soles de aquellos tiempos).

Dicho sea de encuentro, mi querido lector de Texao, les he referido este caso, para que también tenga usted presente que los fogones domésticos y de las picanterías de los arequipeños, en por lo menos tres siglos, y varias de las industrias nacientes a fines del siglo XIX e inicios del XX, depredaron y exterminaron los yaretales y los bosques de queñuales que crecían en las faldas del Chachani, Misti, Pichupichu, en las pampas de Toccra (detrás del Misti), en las inmediaciones de la Laguna de Salinas y en las cabeceras de los ríos Chili y Yura.

Felizmente hoy tenemos bomberos en Arequipa, oiga´sté. Y felizmente ta´mién que las pocas picanteriyas que hacen bien en cocinar con leña y pucuna, como La Capitana del Pepito y Julio César, jamás de los jamases cocinan con yareta o leña de queñua.

(En las citas textuales de esta obra se respeta la ortografía de los originales)

Juan Guillermo Carpio Muñoz

Texao.Arequipa y Mostajo. La Historia de un Pueblo y un Hombre. Tomo V. Págs. 95 – 96

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