En recuerdo de Juan Guillermo Carpio Muñoz, a tres años de su partida

El siguiente texto fue escrito en homenaje a la persona y trayectoria del historiador de Arequipa, por su viuda Maygualida Pérez, con ocasión de recordarse un año más de su partida.

Cultural
autor de Texao

Hoy primero de marzo hace tres años  partió Juan Guillermo Carpio Muñoz el “Hijo Predilecto de Arequipa”. Es fecha propicia para rendir homenaje a la memoria de este ilustre arequipeño. Él quería y admiraba  su ciudad y se sobrecogía ante las huellas de gloria que estaban marcadas en cada piedra arequipeña. Desde siempre estudió el pasado glorioso de la Ciudad Blanca y llegado el momento de servirla lo hizo acertadamente. Conocía al dedillo la historia de Arequipa y sus circunstancias. Fue un precursor de la historia regional y local. Mucho antes de que se definieran bien los parámetros de estas disciplinas, publicó su libro “Texao. Arequipa y Mostajo. La historia de un pueblo y un hombre”; modelo y prototipo de una nueva manera de escribir historia. Su obra de investigación corrió paralela con la de educador y es causa y consecuencia de ella.

Maestro que acicateaba a los jóvenes investigadores, se tomaba el tiempo, en cualquier papel pequeño o grande que encontraba, para de su puño y letra, anotar la cita o bibliografía a consultar. Leía con atención los escritos de sus discípulos y corregía, sugería cambios, completaba ideas, todo ello dentro de un clima estimulante y de buen humor.

Juan Guillermo Carpio Muñoz fue un historiador que dejó escuela. No era el hombre solitario del inaccesible escritorio, sino la cabeza de la investigación colectiva. Su obra se perpetúa en la de sus discípulos. Se apagó la voz orientadora, pero dentro de poco ese silencio se volverá rumor y se irá elevando nuevamente por las calles de Arequipa y entonces será imposible no escuchar las miles de voces que repetirán las lecciones, recuerdos y anécdotas de sus libros. Resurgirá en la memoria de todos la palabra del Cholololo arequipeño: suave, atronadora o regañona, pero siempre dialéctica, pedagógica y esperanzadora. Así será recordado por siempre.

Tenía todo lo que adorna una existencia fructífera: condición humana, por eso su profesión de Sociólogo, espíritu curioso e inquieto, calidad intelectual, fina inspiración poética, profundidad, talento, buen y gracioso decir, lleno de expresiones y refranes de su tierra, agudeza en la observación y el análisis, fina pluma, cultura vastísima, cortesía, honestidad personal e intelectual, exigencia a sí mismo y un dominio absoluto del idioma que habla el pueblo. En San Lázaro recibía a sus amigos con generosa hospitalidad. Su estudio, tan querido para él, estaba en el cuarto piso de la casa, con vista al Misti. Era un sitio de trabajo que invitaba a la reflexión, al aprendizaje y a disfrutar de la buena música.

Sus conferencias estuvieron siempre vinculadas al entorno local. Orador vibrante, político probo, parlamentario recordado por sus intervenciones cargadas de ideas renovadoras, buen familiar, excelente amigo y mejor compañero. Fue un hermoso, nutritivo y maravilloso tiempo los años que estuvimos juntos. Jamás se olvida a un ser querido, sólo se aprende a vivir sin su presencia física.

Maigualida Pérez González.

México 30 de Enero de 2022

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