Poesía: El obscuro ojo de Afrodita

Poesía

Trabajo ganador de la categoría Poesía en la VI Edición del Concurso Literario «El Búho», 2015. Autor: Christian Ahumada

autor trabajo poesía
(Chimbote, 1987). Docente egresado de la Facultad de Educación y Humanidades de la Universidad San Pedro (Chimbote). Integrante activo del Grupo de Literatura “Isla Blanca”. Ha sido seleccionado en diversas muestras y antologías físicas y digitales de poesía a nivel nacional. Su primer poemario: “Saco de Carbón” (Aletheya, 2011), fue publicado en Arequipa, ciudad donde reside actualmente, siguiendo estudios de Literatura y Lingüística en la Universidad Nacional de San Agustín.

Seudónimo: Catalina Camargo & Lope Amaru

EL OBSCURO OJO DE AFRODITA

SEPIA

De cúbito ventral
temblando / apuntando a los muros /
dorsalmente como los monos
con los ojos apuntando al firmamento calcáreo
colgada de las nubes / sindestino.
Golpea paulatinamente: un aullido
Golpea y golpea: papel y metal a la vuelta de la esquina.
Para ella / casi inhumana
la máxima prueba de resistencia.
Doce horas de sudor y noche obsoleta /
vómito y jaqueca al amanecer.
De cúbito dorsal
con el vientre espabilado [presto]
relleno de pólvora / cubierto de desolación.
Todo día / toda rutina / todo temblor volcánico
se cierne sobre su animal asustado
agazapado en un rincón de telarañas
claveteado por deseo y perversidad
hecho añicos su músculo hueco
en la alcoba de los desamparados.

soy Afrodita Pandemo:
me presento ante ustedes como la puta
que no se come sus palabras
ni se muerde la lengua al atisbar el estío /
arrogante y autónoma
complaciente y revolucionaria:
nadie me contiene ni reprimo mis ansias
de volverme aguacero nocturno
o barca solemne en húmero movimiento /
[Hefestos enterrado en su volcán está / para mí]
a nadie le pertenezco y a todos los guerreros me entrego
por unas monedas de plata y cobre
o por papel reciclable
como señal de ofrenda a mi propia divinidad
perdida tan precozmente /
soy esa Afrodita benévola en rojo
[cariño maldito de mi sufrimiento o goce]
esa pandemia que se esparce
como reguero de polvo y agua mineral
en la sangre de los mortales intrépidos /
me presento como quien soy:
la diosa y la mortal rendida a los pies del amor prestado
la puta que canta a gritos y muerde el dolor
para transfigurarlo en plena sonrisa

flauta soy
hechicera soy
de tu pulso agitado
y tus ojos-laguna
formando espirales en la superficie /
mi oscuro encanto gobierna
todo hálito entrecortado y
los movimientos circulares
compartidos
en el eco del espacio nocturno /
envuelta en estoraque estoy
inundando el ambiente
con mis aromas brujos
vistiéndote de ropajes impalpables
y transparentando tu bondad
con la huesuda polvareda de lo sombrío /
soy hipnótica música
melodía magnética soy
aún después de la muerte
en este recinto pagano y sacro /
por eso se equilibran así mis notas en tu pentagrama
por eso mi concierto acústico en tu garganta
grita a la hora de la tempestad
cuando la luna llena bebe la voluntad y el aliento
con su cántico de medianoche

en mí habita una vagina insaciable
devoradora de almas y efluvios
coleccionista de hombres
y cuero de liebres /
poseo finísimos colmillos
y con ellos cerceno la abstinencia
el pudor / el graso cuello de cervatos
asustadizos y aún débiles de patas /
veo en ellos la sonrisa de los pétalos /
piel y baba
orejas y rabo
trofeos con bombos y platillos para fulano y zutano /
yo me encargo de la mugre:


son mis garras las que marcan en la carne
la serigrafía de mi esencia bruja
las ganas de inhalar y exhalar
la droga que revienta de mis poros
y sacia el segundo / el suspiro /
desgarro y trago con crueldad
pujo y defeco misericordiosamente
ante la risa de los desadaptados /
no soy malvada
pero llevo el karma de la bestia
y la santa puta sentada sobre ella
para beneplácito de los malditos sacerdotes
y santos inocentes /
imposible para mis labios
no devorar el mundo con amor e ira
imposible no sellar en los espíritus
como me viene en gana
el tatuaje carmesí de la desolación


MAGDALENA, CONSORTE DE DIOS

En algún callejón no demasiado obscuro te espero
Señor mío / Dios mío / Señor mío
empujando la carreta de mis sueños no cumplidos
con las fosas nasales expandidas
percibo el aroma de mi destino
tras la muerte dirigido hacia otros lares
tocando y traspasando otras puertas.
Pecadora y hacedora de mi mala suerte
he albergado en mi útero la culpa de muchos
el afán y desahogo de tanto gentío.

En mí se encierran los cobardes del mundo
en mí los férvidos condenados abren los brazos…
Yo pago con mi cuerpo [rendida en sacrificio]
los pecados de los hombres
y la maldición de haber nacido
en la margen equivocada del río Jordán.
Aquí / en algún callejón sin mucha luz
espero tu misericordia y tu perdón
con las manos devotamente unidas
quizá luego de entregarte mi alma
[único elemento puro en mi derruida humanidad]
quizá después de seguir tus pasos
[Hijo de Dios y del Hombre]
hacia la celeste cúpula de tu Pasión.

no te acerques
que tu piel es río púrpura
cuando roza mi cuerpo
y cada agujero infecto
deja escapar
un resto de nostalgia
un poco de mi rabia contenida /
duelo en el dolor más profundo:
pretender ser mi calma
mi aguacero de pétalos rosa
egotiza despiadadamente
mis praderas en llamas /
estoy hecha de
fuego y agua:
tu abrazo fervoroso
se torna más tórrido
con tu sangre /
no me ames con tanto amor
que mi amor es odio desmesurado /
si deseas acercarte
a mi lecho de flores letales
desnúdame la locura
o vístete de metal
o
mejor aún
arráncame las espinas
para vegetar
con las ansias indefensas

si supieras quién soy realmente
si vieras en mí el velo blanco e hipócrita
sin un rostro expresivo detrás

no beses mi mano / no / no la beses con ese cariño
que me lastima y me socava como hierro hirviente

es demasiado para mi fervor de ensalmos

os tucos han silenciado su canto
y ya me comprometido sin remedio
con los indomables demonios del segundo círculo

he provocado el malagüero
torpemente
sobre nuestras distanciadas sombras:
tú bajo la luz mortecina de un callejón
creyendo en los milagros de los dioses
y aquí sin más delirio
tu fiera encadenada [por un dedo]
bañada de pies a cabeza
de un rojo sangre pestilente
o un indeleble ámbar de murciélagos

CHAROL BLANCO BAJO TACÓN CARMESÍ

Sentada al filo de la cama enmohecida
atisbando sudor y morcilla
oliendo mis propios límites y lo imposible:
sin sentimientos
[al montacargas / al archipiélago]
En posición fetal
esperando que caiga el fuego dominante
sobre la obscura arboleda de Gomorra
mientras Sodoma apesta a culo cancerígeno
y a chanchos con sida.
Ataviada con mi mejor vestimenta
/ pronta a ser destrozada célula a célula /
con el miedo acurrucado en el vientre
y la típica sonrisa en la cara emputecida
[antes rostro de niña bien]
ya con los billetes en mano: interrumpida
en pensamiento y voluntad incompleta
solo aguardo sus órdenes
señor director de sacra orquesta
señor inquisidor que todo lo perdona
si limpia mi fragua en constante pecado.
Soy el infierno / sí: sentada sin ningún quehacer
[por su sinrazón y maldita culpa]
soy la bruja a ser calcinada en vida
por la fiebre de un mundillo desquiciante.
Doy y recibo de usted las monedas de Judas
[la hostia de carne podrida y flujo]
mientras en el hervor de mi matriz
estrangulada la inocencia
Cristo no cesa de llorar por mi sangre derramada
[mi futuro desplumado = suerte puta]

EL OJO DEL ORÁCULO

Cuando todo se deshaga en malos presagios
y el ambiente alrededor vista duro ramaje
/ espesor de maleza /
levanta la cara al cielo nebuloso
y sonríe.
Si aún la parca no te ha alcanzado
corre cautelosamente
y disfruta mientras tanto del viaje.
Nada se ha perdido en el ruido
y el papel todavía no es desechable
si se conservan los espacios precisos en blanco.

Ahora el otoño reseca tu savia
se avecina el invierno desolador
pero la primavera te espera en el paraje siguiente
con su manojo de rosas en las manos
y un tibio beso en los labios humedecidos.
Ni la sequía ni el aluvión son eternos
cuando se le pone buena cara al tiempo.
Así / al ver que todo se va perdiendo
sea por la inercia o por el ramero destino
no te entierres en vida
no manches tus manos en vano
mantén solo la sonrisa fresca en su sitio
[tal como naciste]
y prosigue tu camino.
Confía en mí: el aliento lo recuperarás.

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